EL ODIO: VALORADO COMO “ARTE”
En días pasado se supo del otorgamiento de premio nacional de arte (lo escribo con minúscula ya que, desde hace tiempo, no vale nada).
Este reconocimiento del
Estado de Chile a quienes han sido dotados de creatividad y talento
para producir, desde las diferentes expresiones artísticas, belleza,
desde hace ya bastante tiempo, perdió los cánones estéticos para juzgar en una
valiosa competencia y valorar, dentro de los mejores, quien es merecedor a esta distinción.
Esta distinción fue creada
bajo los gobiernos radicales, entre Pedro Aguirre Cerda y Juan Antonio Ríos, en
1942, entregándose anualmente desde 1944, alternando la mención entre pintura,
escultura, música o teatro.
Con la llegada de los
gobiernos concertacionistas ya comienza a cambiar el caris de dichas
nominaciones, remplazando el talento, por consideraciones ideológicas.
Fue así como, en 1992, fue
reemplazado por los premios nacionales de artes plásticas, artes musicales,
artes de la representación y audiovisuales, bajo la ley número 19.169.
Como se puede observar del solo
enunciado de los nombres de los premios, la creatividad y el talento quedan
relegados a nuevos conceptos donde, sin duda, los cánones estéticos
fundamentales quedan supeditados a otras consideraciones. Comienza de esta
forma a deconstruirse la belleza y comienza, sistemáticamente a adorarse lo
feo.
Ya no vuelven a ser
galardonados los Pablo Burchard, los Benito Rebolledo, los Pedro Humberto Allende,
los Francisco Flores del Campo o Silvia Piñeiro, y tantos otros grandes de las artes nacionales.
Sin embargo, los descriterios para otorgar estos reconocimientos no han estado exentos de
consideraciones vergonzosas desde su creación.
Ejemplo: a Claudio Arrau le
otorgaron el premio en 1983, cuando ya era una leyenda a nivel mundial y había
recibido todos los premios y homenajes que podían otorgársele al intérprete del
siglo. Al gran barítono, Ramón Vinay, (el Otelo chileno), nunca le dieron el
premio y el país quedó en deuda con uno de los grandes que le dio honor y
gloria en los importantes escenarios del mundo.
El caso del premio nacional
de literatura, otorgado a Gabriela Mistral en 1952, siete años después de haber
sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1945, merece un acápite
histórico especial ya que el jurado no votó unánimemente por otorgárselo y obtuvo
tres votos en contra.
Otro caso, increíblemente
injusto con el talento chileno es la historia de María Georgina Quitral
Espinoza -conocida mundialmente por su seudónimo Rayén Quitral- con el
cual la bautizó el compositor chileno, Carlos Isamitt, siendo de las primeras
cantantes líricas en llegar a los grandes escenarios mundiales. Como suele
ocurrir con muchos, al final de sus años, para sobrevivir, hacía clases de
canto en colegios y escuelas públicas, muriendo pobre y abandonada por Chile a
quien llenó de gloria.
En la actualidad hay nombres
que resuenan en los escenarios nacionales y mundiales; Alfredo Perl, Cristina
Gallardo-Domas, Verónica Villarroel, que incluso decidieron vivir fuera
de Chile para afianzar su carrera, alcanzando reconocimiento y fama
mundial, pero para quienes tienen a cargo en el país garantizar la memoria de
sus genios, reina el más absoluto olvido.
Sería largo enumerar lo que
ha ocurrido con estos premios desde los años 90 en adelante donde, sin duda,
ha habido aciertos merecidos, pero la mayoría, ampliamente discutibles.
Lo recientemente ocurrido
con el premio de Artes Plásticas es brutal, provocando una indignación enorme
ya que ha sido una ofensa al arte y su sentido profundo de la búsqueda del bien
y la belleza, principios que forman partes de los cánones estéticos que deben
siempre imperar y estar presentes para expresar que es arte y que no lo es.
Giorgio Vasari como primer
historiador del arte documentó y formuló los cánones en forma indirecta en su
obra “La vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos”. En
esta obra recopiló biografías de artistas del renacimiento, sentando las bases
de la historiografía del arte, y de términos como Renacimiento y Maniera.
Vasari, a través de su obra,
estableció lo que sería considerado el ideal artístico del Renacimiento,
basándose en el perfeccionamiento gradual de las artes. Este genio del arte, a
quien se debe la verdadera clasificación de Bellas Artes, es considerado el
creador del género de la historia del arte, uniendo biografías, teorías,
técnicas y críticas para narrar la evolución de las artes.
Si se analizan los criterios
del otorgamiento de estos premios, salta a la vista que no existe rigurosidad historiográfica,
llamando arte a lo que mejor sirve a la propaganda ideológica.
La deconstrucción del
pensamiento crítico en estas materias, hace rato que viene haciendo un daño
enorme al concepto de los valores esenciales que caracterizan estas
manifestaciones del espíritu humano.
La moda, la ignorancia, el
fomento al mal gusto, el nuevo riquerio y los amateurs, transformados en
gestores culturales, han causado un daño enorme a esta disciplina que tiene más
de 500 años de estructura orgánica y cánones fundantes para calificar el arte.
Hoy todo mamarracho que cuente con un buen marketing se transforma en arte, y
así se mata la verdadera creatividad en los “mono pintarrajeados“ de hoy,
cuyos “coleccionistas” los compran porque hacen juego con las cortinas o con el
sillón, transformándose mañana en objetos desechables, ya que pasaron de moda o
se cambiaron las cortinas.
Se perdió el sentido final
del arte, que es la trascendencia.
Pero volvamos al “premio”
otorgado en estos días. Ha sido premiado el muralista fundador de la Brigada
Ramona Parra. Una banda de comunistas encargados de la publicidad del Partido
Comunista en las calles y avenidas de todo Chile, garabateando muros públicos y
privados con alegorías llamando al odio de clases o difamando a quienes se
oponen a esta doctrina perversa.
Creo que se tocó fondo, esto
es un signo claro de nuestra falta de rigor estético; lo peor, con fondos del
estado provenientes de nuestros impuestos, entregando un beneficio económico de
por vida a quien se ha encargado de alimentar el odio en Chile.
Recordemos que en anterior
gobierno (Piñera) la ministro de la cultura, de entonces, hizo hacer un
registro del vandalismo del octubrismo por considerarlo “patrimonio artístico”.
Quiero ver, si todas estas
manifestaciones ideológicas han hecho mella en los aficionados al arte,
críticos, coleccionistas, galeristas o simplemente hablantines del arte y que levanten la voz, al menos para decir: ¡¡esta vez sí que la cagaron!! ¡Seguramente
lo dirán en francés! Comme il faut
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