DEBATE O EXAMEN BÁSICO
Ya han pasado por la pantalla de los televisores varias puestas en escenas de
las performances que organizan los canales de televisión para interrogar a los
candidatos presidenciales.
Pero, para mejor comprender
lo que significa un debate, analicemos su concepción desde el origen.
Un debate filosófico es una
discusión estructurada sobre conceptos fundamentales tales como: existencia,
conocimiento, valores; donde se presentan, evalúan y critican argumentos
lógicos y racionales para buscar una mejor comprensión en el público interesado
en escuchar las ponencias y ordenar sus preferencias.
Un debate ordinario puede enfocarse
más en la persuasión o el espectáculo. Es a esto a lo que nos tienen domesticados.
El debate serio se enfoca en
la argumentación y el análisis crítico y busca más el avance del conocimiento y
la revisión de posturas, que solo la defensa inicial de un punto de vista.
¿Qué han visto Uds. en estos
programas televisivos? ¿Un debate serio o un debate ordinario?
Naturalmente que los
espectadores han visto y oído expresiones persuasivas de las incubadas virtudes
de los debatientes, careciendo en absoluto de temas centrales. A excepción de
uno, que es capaz de argumentar en el poco tiempo permitido por los
organizadores. Del resto, nadie aborda temas esenciales sobre la realidad, la
moral, la mente o el conocimiento. No se presentan razones, evidencias,
análisis lógico, para sostener una tesis. No hay coherencia y profundidad en el
desarrollo de las ideas. No se utilizan referencias, ideas o teorías
filosóficas, como base o garantía de los argumentos. No se persigue la Verdad,
sólo ganar, aunque sea con la postura menos razonable.
Aquí hay un factor medular a
tomar en consideración. Independiente de las capacidades intelectuales de los candidatos,
la capacidad de los entrevistadores, su apostura frente a un “supuesto” DEBATE
no existe, ya que los debatientes son ellos.
Están llamados a ser los
nuevos Sanedrines o Doctores de la ley. Para determinar el alcance de una
argumentación, son ellos los que argumentan y luego preguntan, para obtener, en
dos segundos, respuestas a su propia argumentación. Es decir, el rol está
equivocado, los periodistas oficiando de candidatos y, los candidatos, de
estudiantes básicos que rinden una prueba Simce (para más no hay).
El resultado es un
espectáculo vacío carente de mística donde todos salen ganadores y, los
periodistas, coronados de éxito ya que lograron sacar de las casillas a uno u
otro o dejar en ridículo la postura de alguno.
La pregunta es: ¿Cuándo se estableció
que el periodismo es profesión universitaria para su exclusivo ejercicio? Antes
bastaba con inscribirse en un registro especial y, a pesar de que se creó la
carrera en los años ’50, se sigue ejerciendo sin la necesidad de ese estudio
universitario.
Lo que vemos es que en el ejercicio
de dicha tarea se carece de toda norma valórica que regula el ejercicio de
otras profesiones. La razón es simple, cualquier mortal puede ser periodista;
pero cualquier mortal no puede ser ingeniero, médico o abogado. Por tanto, aquí
hay un grave dilema. Si a excepción de uno de los 8 candidato que muestra
razonamiento lógico para responder, el resto va, de “reguleque” a malo, los
periodistas son definitivamente malos y contrarios al orden moral establecido.
Ellos se han transformado en quienes dirigen y orientan la opinión de la
población: mintiendo, tergiversando, incluso difamando a quienes no están bajo
los cánones por ellos fijados.
De ahí que varios han salido
de detrás del micrófono para disputar un lugar legislativo y otros, más audaces,
han pretendido pasar de locutor a presidente de la República.
Hoy día tampoco es extraño
ver listas parlamentarias con las imágenes de individuos que han dedicado su
actividad “profesional” a las pantallas de televisión como candidatos al
parlamento. La pregunta es, y si fuesen electos: ¿Qué harán, si en el desempeño
de su actividad han demostrado una ignorancia supina? El pizarrón para
demostrarlo, han sido las pantallas del televisor encendidas en todos los
hogares chilenos. Esto habla de la decadencia por la que atraviesa Chile.
Pero volvamos al origen, ¿alguno
de Uds. ha visto a un periodista, después del interrogatorio, resumir los
puntos claves del debate y la evolución de los argumentos? Es probable que más
de alguno seriamente, lo haga.
Me habría gustado ver el
encuentro de temas profundos como, por ejemplo, el libre albedrío versus el
determinismo; la existencia de verdades absolutas o relativas; la naturaleza de
la conciencia; la ética de la inteligencia artificial.
Reforzando lo indicado en un
párrafo precedente, la verdad es que en estos temas solo hay uno que tiene una
clara postura e identidad y ese es, Johannes Kaiser. El resto y, particularmente,
la Sra. Matthei, sale reprobada sin duda alguna, sobre todo, en aquellas ideas
sobre la existencia de verdades absolutas o relativas. Su vida política ha
estado construida sobre el relativismo con tal de lograr sus objetivos. Las
evidencias son elocuentes.
En resumen, el “debate”
reciente no fue debate, solo un interrogatorio a 8 personas de parte de dos
periodistas, del cual, el periodista hombre, salió trasquilado por su interés
de ser presidenciable.

No puedo estar más de acuerdo con tal posición .
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