EL DILEMA DE SER Y NO SER

 



Ha pasado casi una semana de la crucial elección electoral que vivió el país. Pensando en sus resultados y en cómo se desarrollan los acontecimientos antes, durante y ahora es que recordé el famoso dilema planteado en la obra del gran escritor inglés, William Shakespeare: Hamlet, Ser o no Ser, que proviene del monólogo del protagonista, príncipe de Dinamarca, que se refiere a la profunda reflexión sobre si vivir o morir.

Es de interés saber cómo y porqué el autor emplea esta frase. 

El primer registro filológico que existe sobre la búsqueda de su sentido nos lo da Parménides, llamado el padre de la metafísica: el ser, es, y el no-ser, no es. En palabras simples, el filósofo griego nos dice que la nada no existe y que lo que existe no puede dejar de existir.

En la obra del inglés se plantea el dilema de soportar las diversidades de la vida o buscar el fin de la existencia en la muerte, la cual es contemplada como un sueño o un viaje a lo desconocido.

El uso de esta famosa frase también se puede encontrar en la película del mismo nombre, de 1942 donde, en una expresión popular, se expresa la duda ante decisiones existenciales. 

La reflexión de Hamlet se ve paralizada por la duda sobre lo que hay después de la muerte; teme que al morir pueda encontrarse con otros sufrimientos desconocidos, lo que le hace preferir aguantar los males actuales y hacerle frente.

Entonces, también es el miedo un factor que actúa como paralizante. Este miedo confunde ya que llena de incertidumbre y debilita la voluntad y la resolución, haciendo que las personas soporten injusticias y sufrimiento en lugar de actuar con valentía y coraje. 

Pues bien, en Chile no estamos en el dilema de la vida o la muerte personal, pero si de la vida en comunidad que da origen a la Nación, asentada en un territorio al que llamamos, Patria.

El concepto de existencia nacional y su proyección lo da la soberanía nacional que se expresó a través del voto ciudadano el 16 de noviembre.

¿Que vivió el elector previo a emitir su voluntad? Una coacción sin precedentes a través de medios de comunicación, redes sociales y empresas de encuestas, todos ideologizados, intentando amordazar por el miedo la voluntad soberana del pueblo, creando incertidumbre, debilitando su resolución, haciendo que las personas dudaran frente a las mentiras, la manipulación de datos y el engaño del verdadero peligro.

Ser o no Ser era sinónimo, en esta confrontación, del destino de la Nación y así llegamos a soportar la vulneración sistemática de los preceptos constitucionales que garantizan un voto libre e informado. ¡¡¡No olvidar esto, en este mes, esta estrategia será peor!!!

Llegamos al 16 de noviembre y la voluntad soberana se expresó dejando un reguero de muertos y heridos políticamente. Desaparecieron partidos completos, algunos históricos y todos aquellos instrumentales al progresismo de moda y a la cultura woke. Otros quedaron heridos profundamente, mermada su votación y su representación en ambas cámaras. Jugaron sistemáticamente en el dilema de Hamlet, Ser o no Ser, pero ya sabemos lo que esto significa -el Ser es y el no ser no existe-, por tanto, cuando renegaron de su historia, de su doctrina, de sus principios quisieron olvidar su esencia; pero fue tan feroz su empeño por hacer sentir el no ser que sucumbieron a su propio olvido del Ser y el pueblo, más sabio, castigó su traición.

El pueblo por institución sabe que el no Ser no existe; pero todavía quedan en el caldero los que harán hervir la agenda 2030, el caballo de Troya de la maldad destructora de la cultura occidental. 

Las presidenciales impusieron un balotaje, posicionando en la cartelera electoral dos modelos distintos y dos protagonistas.

La primera mayoría la obtuvo la comunista Jara y desde esa misma noche comenzó el dilema del Ser y No Ser. Quiere parecerse al cadáver político de Chile Vamos y toma algunos fragmentos de su testamento. Lo mismo hace con la tercera mayoría, intentando parecerse a la acción comunicacional del personaje. Despide a su ideólogo comunicacional, un sociólogo que ofendió a Parisi y nombra, imitando a Matthei, una docena de voceros. También, imitando a la derrotada Evelyn, entre esa docena de comunicadores coloca a un cantante urbano, que ya sabemos a quienes en su mayoría representan y lo tuvo que desahuciar a las pocas horas por estar sometido a procesos judiciales por maltrato familiar y otras hierbas.

Nombra, también, vocero al inefable mentiroso Vidal. Quien sostenía no hace mucho “que el partido comunista era el tercer partido más grande de occidente, después del de Italia y Francia“ ambos prácticamente desaparecidos, pero el chileno, el más ortodoxo desde su fundación y, continúa Vidal, “del partido comunista se desprende su brazo armado, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez; quien, después del fracaso de la internación de armas más grande de la historia, el de Carrizal Bajo,  y del fallido intento de asesinato de Pinochet, se transforma en autónomo“; naturalmente, otra estrategia del Partido Comunista.

Entonces la Jara no puede salir del dilema, ella quiere que le crean que no es comunista, pero el No Ser, no existe; ella en esencia es comunista con todo lo que implica esa doctrina: contraria a la democracia, promotora de la lucha de clases, obtener el poder del pueblo para instaurar la dictadura del proletariado y, como si esto fuera poco, una doctrina que, en sus principios, indica que la religión es el opio del pueblo. Pero ahora la comunista Jara es católica, apostólica y romana, le reza a la Virgen de Lourdes y, además, es social demócrata.

Volvemos al dilema Ser o no Ser. El no Ser, no existe y, por tanto, la Jara sigue siendo comunista.

José Antonio Kast obtiene la segunda mayoría y, frente a la voluntad soberana, debe saber leer muy bien lo que esta elección significa; no es lo mismo construir un partido, jugar electoralmente y ganar, con saber gobernar. No puede darse el lujo de caer en el dilema de Hamlet, la duda frente a los problemas existenciales.

Debe buscar a los mejores, y actuar con generosidad y firmeza, no importa que no milite en ninguno de los grupos que lo apoyan, pero son patriotas que saben que la verdad es una sola: la lucha de Kast es en contra del comunismo que no es lo mismo que luchar contra el continuismo.

La continuista ya se desembarcó y ahora hasta reza. Pero la comunista existe y no ha dejado de existir.

¡La historia es el mejor juez!

Al cumplirse 30 años de la muerte, en la selva boliviana, abatido por las FFAA de ese país, del comandante revolucionario Che Guevara, se organizó un acto en el Estadio Nacional en 1997, “el más grande acto de masas de la izquierda en los últimos años“, rezaba la propaganda.

Su coordinadora, la presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago, doña Jeannette Jara Román; en la entrevista a página completa, con foto incluida, la revista Punto Final recogía lo que Jara sostuvo: “el significado político que -para ella y el partido comunista- tiene este acto sobrepasa con creces el significado de la música de los artistas invitados al show, se rendía un homenaje a la revolución cubana, a sus valores y principios, reafirmando una y  otra vez la vigencia del Che en los jóvenes, su legado humanista que tiene relación con el hombre que estuvo dispuesto a luchar y a entregar la vida por lo que consideraba justo y correcto” y, agregaba: “ era de aquellas personas que enaltecen la política como opción de vida”.

Es decir, asesinando sin contemplaciones a cualquiera que se opusiese a su camino. El dolor que causó el Che vive en el alma de los que han padecido, anónimamente y en silencio, la pérdida de hijos que perdieron a sus padres, madres que perdieron a sus hijos, mujeres que perdieron sus esposos.

¡A ese asesino, la candidata le rinde homenaje!

Esta es la candidata que se enfrenta a Kast y que se enfrenta a la decisión del pueblo de Chile, aquella que justifica una historia de terrorismo y muerte y cuyo repaso por la historia del Partido comunista, ha dejado una estela de más de 150 millones de muertos.

¡Esa es la Jara, el verdadero peligro para Chile! 

El país lo sabe, y en su gran mayoría no tiene el dilema de Hamlet, salvo que nos conduzcan a la muerte de la Nación, por caer en el engaño o en la duda de los verdaderos problemas existenciales.

Es de esperar que Chile sepa diferenciar entre el bien y el mal y exija su condena. 

 

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