LA REVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA
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¡¡Con el enemigo no se conversa ni se tranza!!
Faltando
muy pocos días para la gran batalla que Chile librará entre dos opciones
políticas, es necesario y conveniente expresar algunas reflexiones al respecto.
En la lucha contra el mal
hay que recordar al querido Santo, Juan Pablo II, quien fuera una figura clave
en la lucha contra el comunismo, impulsando la caída del bloque soviético
mediante su apoyo al movimiento Solidaridad. Su visita a Polonia, en 1979,
encendió el orgullo nacional y la resistencia, elemento crucial para el
surgimiento del sindicato Solidaridad.
Este Papa inspiró la
resistencia no violenta; denunciando la deshumanización inherente al sistema
marxista contrario a la dignidad humana, defendiendo la libertad y la fe, como
contrapeso a los regímenes totalitarios, implantados en los países de Europa,
los que fueron aplastados por la bota comunista de la URRS.
La historia le reconoce
haber iniciado una “revolución de la conciencia“ que debilitó el control
soviético, sin disparar un solo tiro, terminando por colapsar el
comunismo.
La revolución de las
conciencias hacía ver a cada cristiano y al mundo en general que el combate por
la dignidad humana era crucial ya que la visión del comunismo trata a las
personas como meros medios para fines del Estado, afirmando que cada individuo,
cada ser humano, tiene un propósito único en la vida. En este sentido dejó
claro que fe versus ideología era un camino donde la fe podía ser una fuerza
poderosa contra sistemas que buscaban erradicarla y que la verdad y la justicia
social eran incompatibles con la opresión comunista.
Fue un líder mundial y su
antagonismo al marxismo se reflejó en una defensa activa de los derechos
humanos frente a esta ideología totalitaria, incluida la teología de la
liberación que se manifestaba en América Latina y la denunciaba infiltrada por
el marxismo; condenándola.
Su revolución de las
conciencia hoy, diciembre de 2025, encuentra otra expresión que lleva su
inspiración, Polonia ha declarado fuera de la ley al comunismo.
A su vez, su sucesor, el
Papa Benedicto XVI, fue un crítico feroz del comunismo, no solo viéndolo como
una ideología totalitaria que al igual que el nazismo suprime la libertad
y la fe, diciendo que el comunismo actuaba como “una lluvia ácida” sobre la
cristiandad y la cultura occidental.
Espiado por los servicios
secretos de Alemania Oriental, mientras se desempeñaba como Prefecto para la Doctrina
de la Fe, ya que lo consideraban un enemigo peligroso para el sistema comunista
fue, sin duda, un baluarte contra toda ideología que buscara minar los
fundamentos cristianos de la cultura occidental.
En una columna que
escribiera hace ya un tiempo indicaba: “Ratzinger
el teólogo, llamado el rottweiler del Papa Juan Pablo II, condenó la teología
de la liberación ya que es un leninismo a lo divino, que busca arrancar las
raíces cristianas y democráticas de occidente y, por eso, hasta el último
de sus días -ya como Papa Emérito- fue el escudo de Occidente“
Hoy estos planteamientos
cobran una vigencia inalterable, Chile se enfrenta a la encrucijada entre una
doctrina religiosa leninista, representada en todas sus facetas por el
comunismo ortodoxo de la Jara y una doctrina del mundo libre, cristiano,
cultural y civilizatorio occidental, representado por Kast.
No hay duda de que, frente a
la lucha dada por estos dos grandes hombres del pensamiento y acción religiosa
como los Papas mencionados, los más relevantes de los últimos tiempos de la
Iglesia, lo que Chile enfrenta, el 14 de diciembre, no es una elección entre
dos personas. Es una elección entre la decadencia y la libertad, no busquemos
en las viejas estructuras lo que solo encontrarán en su propio coraje. Es hora
de levantar una nueva fuerza, una que entienda que la libertad es la ausencia
de coacción, que la nación es el refugio de nuestras tradiciones y que el
individuo está siempre por encima del Estado y recuperemos Chile, no por un
partido, sino por el futuro que sus hijos merecen. En este contexto, el llamar
a votar nulo solo es un camino que conduce al nihilismo de la nación y no a la
virtud de la responsabilidad cívica.
Finalmente, mi mensaje para
Kast: éste debe tener presente que al mal no se le gestiona, al mal se le
combate. No caiga en el desvarío que llevó a la ruina a su partido de origen,
la UDI, que pactó y cedió sus convicciones al mal. Aunque la verdad duela a
quienes creen que esto hay que barrerlo bajo la alfombra.
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