EL VERDADERO SENTIDO LA EMERGENCIA
Desde la segunda vuelta decidí guardar silencio público, no por complacencia sino más bien por prudencia. Muchas dudas rondaron mi cabeza, muchas inquietudes fueron aumentado, un factor peligroso, que de no ponerle atajo derivaría, irremediablemente en desconfianza, no solo en mí, sino que en toda la derecha seria de este país.
Llegó después de varios
episodios, un tanto curiosos, el nombramiento de quienes lo acompañaran en el
quehacer gubernamental en la primera batería de combate.
Debo confesar que alguno de los nombres me fueron y son absolutamente hostiles
ya que no conversan con la condición valórica que he defendido toda mi vida,
porque es difícil creer su disposición viniendo de mundos políticos que tanto
daño le hicieron a nuestro país. Pero, en fin, hay que creer en la buena
voluntad del hombre si de verdad buscamos el bien común.
Dicho lo anterior e
independiente de las conversaciones privadas con los amigos más cercanos sobre
el desarrollo de este proceso, en muchos caso creando situaciones divertidas y
tomando a la broma ciertas cosas que parecen cómicas, en silencio me he
dedicado a estudiar dónde está el “metier” (oficio) diseñado y me he dado
cuenta que el presidente electo que siempre ha tenido dificultades con los
números económicos, ha dividido su gobierno en solo dos áreas para cumplir con
sus tres propuestas fundacionales: inmigración, seguridad, desarrollo
económico. Definiendo para ello que este es un “gobierno de emergencia“.
Cuando hay una lógica de
emergencia significa que hay un plan ya que la emergencia no debe confundirse
con una situación puntual producto de un terremoto o un incendio. Emergencia
significa algo más profundo y aunque el discurso formulado el día del triunfo
no fuese el mejor evaluado si tiene un principio capital del que no nos dimos
cuenta: el cambio de mentalidad que tiene que ocurrir en el país para lograr un
propósito de largo plazo.
Entonces, más de alguno se preguntará,
pero ¿Cómo logrará esto si su diseño es netamente tecnocrático y carente de
políticos avezados? Aquí surgen entonces la división en dos áreas del gobierno:
la política, dirigida por el propio Presidente Electo más el Ministro del Interior
(UDI); el ministro Secretario General de la Presidencia (RN); su Vocera
proveniente de la Fundación para El Progreso y su Canciller proveniente de uno
de los grupos empresariales más grandes del país y también director de la
Fundación Para el Progreso, agregando a ello la Ministro de Seguridad, una
valiente y decidida Fiscal Regional y al Ministro de Defensa. Ahí está conformado el comité político y no
necesita más.
La segunda área es la
liderada por el Ministro de Hacienda en quien el Presidente Electo ha
depositado la mayor confianza para materializar la salida de la “emergencia”.
Se sabe que el ministro
Quiroz tiene ya preparado un ladrillo 2.O; digo esto, porque la emergencia es
la misma que Chile ya vivió hace más de 50 años y que salió de ella con el
ladrillo preparado, previamente, por Roberto Kelly y con el cual se diversificó
la economía, se erradicó la extrema pobreza, se erradicaron los campamentos, se
alfabetizó al país y se detuvo la mortalidad infantil, a gran escala, al nacer;
etc., etc. Un cambio conductual feroz que implicó enormes sacrificios; pero que
terminó con el país creciendo al 6,5%.
Quiroz es un economista con
una fuerte formación humanista, no es solo de los datos macro, es de los
detalles micro, aquellos que están en la piel del ser humano, no en las tablas Excel.
Tiene una carga relevante Schumpeteriana.
De ahí que base su
modelo sobre parte del pensamiento de Joseph Schumpeter, quien fue el que habló de
los ciclos económicos, agregando a ello sus teorías sobre la importancia
vital del empresario, subrayando su papel en la innovación que determinan el
aumento y la disminución de la prosperidad.
Schumpeter popularizó el concepto de
destrucción creativa como forma de describir el proceso de transformación
que acompaña a las innovaciones.
Por eso he llegado a la
conclusión que será Quiroz el verdadero cerebro del cambio, porque tiene claro
que su misión es cultural: cambiar la mentalidad de hombres y mujeres de este
país.
El resto de los ministros
sectoriales me gusten o no da igual, tendrán que cumplir con los objetivos
trazados por el Ministerio de Hacienda.
Es la única manera de
reconstruir la fe pública y limpiar la grasa enquistada en el Estado,
transformada en centros de poder interno y del como también terminar con los
centros de poder externo (gremios empresariales, asociaciones gremiales, u
otros).
Alguien dijo por ahí que es
el gobierno más gremialista de la historia. Concuerdo con él, en el sentido de
los peligros que en su época planteó Jaime Guzmán al decir que había que
despolitizar la función del Estado, un enclave que ahogaría el
Bien Común.
Espero que el diseño sea
exitoso, que los ministros sectoriales entiendan que están para cumplir un
objetivo diseñado en Hacienda y que tienen que cumplir si o sí. Pongo como
ejemplo el ministerio de las culturas con el presupuesto más abultado de todo
el estado nacional. Una cifra en dinero gigantesca, con la que se pagan a
cientos de operadores propagandísticos y programas inútiles llamados
culturales, incluido 160 periodistas: Undurraga la tendrá difícil y tendrá que
dejar su progresismo de lado, por el bien de Chile, y no podrá imponer una
agenda propia, aunque lo aplauda la seudo derecha.
Espero no equivocarme en mi
apreciación, es producto de darme el trabajo de estudiar en detalle el
pensamiento del ministro Quiroz, expresado en muchas entrevistas, videos y
conferencias.
No me sorprende que nunca
haya estado en la nómina relevante de los economistas polillas, que en su gran
mayoría apoyaron a la que salió 5ta. Si he depositado confianza en el proyecto
y me he equivocado, entonces diré como la famosa película que “Dios me perdone”.

Don Osvaldo, muy bueno su comentario, excelente, ojala, que el gabinete se mantenga, lo hagan bien, y no hayan cambiar a la brevedad, y pueda haber un cambio positivo, ya que los unicos perjudicados, somos nosotros, porque tenemos que aceptar lo que viene.
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