¡¡¡ET TU, BRUTE!!!
Columna de Osvaldo Rivera R.
Para ninguno de mis lectores es un misterio, porque lo he dicho, que he estado en los últimos meses en Europa y, desde esas tierras, no solo observaba el cambio profundo que se ha producido en los distintos países que conforman la Unión Europea, sino que también me informaba del acontecer de nuestro país.
La dictadura que gobierna
desde Bruselas impone a cada miembro una serie de normas y leyes que han
atentado directamente contra el alma nacional de cada país. Hay algunos que se
resisten a cambiar su moneda, porque es lo único que les queda como valor
identitario.
Es de verdad una tristeza
enorme como han transformado la vida diaria de esos pueblos. El comercio
tradicional desapareció, hoy todo, desde el más modesto souvenir, hasta la
manufactura de calidad, es confeccionada en China y, peor aún, el comercio
administrado y dirigido por chinos y musulmanes. Para que hablar de quienes
atienden en bares y restaurantes.
Este ha sido el resultado de
solo mirar con el prisma económico y globalizante, permitiendo una inmigración
descontrolada. Todo, absolutamente todo, está bajo el prisma económico y del
progresismo delirante. Se acabó el tiempo en que con tranquilidad se podía
entrar a una Catedral importante por su valor estético, por la dimensión
arquitectónica. Hoy, si no cuentas al menos con 20 euros para visitarla, no
entras. Así y todo, hacen filas interminables los cultores del arte, que a pesar
de estas condiciones quieren empaparse de los últimos refugios de Occidente. Lo
mismo pasa con museos, galerías memoriales y así sucesivamente.
En Split, está el Palacio
de Diocleciano. Es una majestuosa ciudadela construida por el emperador romano Diocleciano
entre los siglos III y IV, como su residencia de retiro. Es una obra
arquitectónica de las mejores conservadas en Europa. En los sectores vecinos había,
no muchos años atrás, tiendas que evocaban la vida en dicho palacio, con
objetos reproducidos igual a los originales, que permitían a los amantes de la
historia y del arte, coleccionar estos objetos que transportaban al pasado;
pero hubo un alcalde que prohibió dichos negocios y los hizo desaparecer de la
zona histórica. A eso se le llama progresismo: Atentar contra la historia y hoy,
en Split, no es fácil encontrar objetos de este tipo, como tampoco, en otros
lugares de interés arqueológico, donde si los hubo.
El turismo ya dejó de ser un
bien para fortalecer el alma. Cada turista es un número que paga impuestos por
visitar el país y paga por todo lo que quiera ver, incluso si son considerados
patrimonio de la humanidad. Siempre se pagó una modesta entrada y me parece
justo que así sea para conservar y restaurar el patrimonio y la herencia a las
generaciones futuras. Pero a los niveles competitivos que los ha llevado la
dictadura es, por decir lo menos, asombroso y, lo peor, en cada lugar
histórico, en cada edificio público ondea la bandera de la dictadura para que
nadie se equivoque.
Así y todo, la historia sigue
presente en cada rincón de cada ciudad, en sus cascos históricos o en pequeños
pueblos que permiten transitar sin prisa a los siglos pasados y sentirse, por
ejemplo, en pleno medioevo o en el esplendor del renacimiento. Esa grandeza,
elegancia y fragancia remota hace evocar y preguntarse cómo hace casi 1000 años
pudieron construirse iglesias, calles empedradas, y construcciones
habitacionales que intactas se mantienen hasta hoy y donde impera un tecnicismo
y una belleza arquitectónica sobresaliente. Erice, es un ejemplo, entre
muchos. ¿Por qué el hombre de hoy perdió el concepto estético de la vida?
Todo esto, también, evoca el
comportamiento del hombre que, en política, no ha cambiado.
En este contexto traigo a la
memoria la famosa traición a Julio César, ocurrida el 15 de marzo del año 44
A.C., en el período del calendario romano conocido como los “idus de marzo”. Un
grupo de senadores romanos, liderados por Cayo Casio Longino y Marco Junio
Bruto lo asesinaron en el senado para evitar que consolidara su poder.
Al asestarle la puñalada que
cobró su vida, Julio César exclamó: “¡Et tu Brute!“, (¡tú también Bruto!); este
era su amigo y protegido. Julio César lo consideraba casi un hijo, por eso ese
hecho marca el hito de la traición definitiva.
Esto se ha repetido de
diversas formas a lo largo de la historia y ha llegado hasta nuestros días con
bemoles distintos, pero la música es la misma. En el caso de Chile, los
senadores agrupados en la oposición son minoría. Pero pueden ser mayoría si la
ambición de Bruto se transforma en Bruta y la del segundón, con su torpeza
característica, sigue impulsando el reguero de desconfianza. A este y a otros les
viene bien la frase: ¡¡¡Tú también Bruto!!! El Presidente con el segundón se conocieron
desde hace mucho y caminaron juntos el sendero de la política partidista. Pero
hoy no importa la República, ni tampoco es excusa para salvarla. Después de la
traición vino el caos y una guerra civil, desbastó Roma.
¿Qué ha cambiado? ¡Nada! La
ambición de ayer es la misma de hoy, su tajada en el poder, por eso digo, no
hay seguridad en el compromiso político. El Bruto de ayer se puede convertir en
la Bruta de hoy y el golpe de estado soft, que advertí en la columna anterior,
podría ocurrir: políticos de RN + UDI, después de haber salido quintos en la
elección presidencial, accedieron a algunos cargos de poder importantes en el
gobierno, pero en verdad, los quieren todos. Dos senadores que dirigen la mesa
de la corporación hostilizan al Presidente permanentemente, desconociendo que
este no es un régimen parlamentario. Usan la vieja treta de hablarle al oído a
los ministros de confianza para, con la argucia del rati malo - rati bueno,
someter al Presidente, con la amenaza de abandonarlo en bloque, cuando crean
que es más débil. Otro diputado, que para ser reelecto se cambió de distrito y
que se ha auto impuesto el papelón de mediador, no ha escatimado esfuerzos para
impedir la Acusación Constitucional a Grau. Por si no lo ubican, era de
Rancagua y se cambió a Las Condes, porque los huasos de la zona de la Región
del Libertador Bernardo O’Higgins, no lo querían.
Por eso, mi modesto consejo
para Squella, el asesor Valenzuela y otros, deben solo gobernar con
Republicanos y Nacional Libertarios y sacarse de encima el lastre de los
perdedores, donde se anida, como caldera hirviente, el signo de la
traición.

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