LOS MENSAJEROS DEL CAOS

 

                                                

    

Columna de Osvaldo Rivera

Durante los último años se está viendo un fenómeno en nuestro país que tuvo sus raíces en la Europa del norte, específicamente, en Noruega, una de las democracias más estables del viejo continente.

Como en Chile la copia y falta de creatividad ya es una constante en todos los quehaceres de la sociedad: prensa, política, arte, cultura, sociología del comportamiento, etc., etc. ya no llama la atención el comportamiento de medios de comunicación y de personas; unos, carentes de creatividad y responsabilidad con la sociedad que les permite existir y, los otros, encuentran el vehículo apropiado para descargar sus frustraciones y derrotas, creándose un mecanismo que permite, entre mensaje y mensajero, llevar el mal y, como consecuencia de ello, el caos social, político y económico.

Existe desde hace no mucho un título clave del periodismo cultural: “Señores del Mal“ que va mucho más allá de una crónica de un movimiento musical, para ofrecer un completo y exhaustivo relato periodístico que toca, por igual, cultura y crimen, sociología y crónica negra, ocultismo y religión. Los autores, Moynihan y Sederling, desmenuzan al detalle la historia del black metal noruego, analizando tanto sus raíces  musicales, políticas y sociales como sus consecuencias artísticas, éticas y criminales, reflejando que no solo el aspecto más sensacionalista y salvaje del movimiento, sino también su lado más elegante y apasionado: la lucha a vida o muerte de unos pocos, pero dedicados jóvenes, dispuestos a elevarse por sobre la mediocridad y la complacencia imperante a su alrededor aunque fuese desde el extremismo.

“Señores del caos“ es fruto de años de trabajo dedicados al estudio del movimiento black metal y el cuidado y la atención, aportados por los autores, queda patente en su esfuerzo por plasmar las contradicciones que anidan en el estado de bienestar de una de las democracias más estables, seguras y acomodadas del mundo como de la propia escena musical alternativa, desmontando el simplista relato ofrecido por la prensa sensacionalista. Los autores sostienen que el mundillo de este movimiento musical aporta reflexiones legítimas sobre el arte, la ética, y la política; pero nunca pierden de vista lo extraño que pueden llegar a ser sus habitantes. Más allá de las fantasías de satanismo, neopaganismo e incluso nacional socialismo, más allá de la quema de iglesias y de la deriva a delitos más graves que acabarían dando triste tema al fenómeno, “Señores del caos“ es, por encima de todo, un trabajo periodístico de primer orden de un fenómeno que, a pesar de haber nacido de un movimiento genuinamente marginal y underground, acabó sacudiendo a todos los niveles de la sociedad que los engendró.

Este relato es una síntesis del libro y lo he traído a colación para hurgar en lo más profundo de las conciencias y aportar antecedentes de cómo y por qué ocurrieron los hechos que conmovieron al país en Octubre 19 y las consecuencias que trajo ese caos en los años posteriores y que hoy seguimos pagando.

Ese grupo de jóvenes con superioridad moral que estaban dispuesto a elevar la meta de la mediocridad se convirtieron en los artífices de la mayor desgracia para Chile, llegando a tener un presidente que era un adorador de los movimiento musicales de este tipo, uno de los cuales sembró el horror en su nación. 

Entonces se preguntarán, ¿habrá terminado el proceso del caos imperante, desde aquellas épocas en que se quemaron iglesias, infraestructura pública, comercio establecido y se permitió el descontrolado proceso migratorio?

No ha terminado: la prensa sensacionalista sigue trabajando en esa dirección.

Si bien es cierto, el pueblo derrotó los impulsos refundacionales de los jóvenes con superioridad moral, quedaron en el camino políticos derrotados y fracasados en sus intereses que hoy ocupan el nicho que ayer ocuparon los encapuchados aterradores del orden.

Hoy junto al crimen organizado caminan de la mano; unos, impulsados por la violencia de la fuerza física y destructora de la vida y los otros, sembrando el caos mediante sus performance comunicacionales que, con el alto auspicio de los medios de comunicación, irresponsables de su rol frente a la sociedad que les permite existir, dan cabida a los mensajeros del caos, en beneficio del rating, ayudando a lo que Guy Debord señala en el título de su libro: “La Sociedad del Espectáculo”.

Sin duda, hay ejemplares del black metal político que dan lástima; pero ahí los tienen, intentando destruir la confianza del pueblo en sus autoridades, criticando planes y propuestas; en fin, destilando la amarga experiencia de haber compartido la lista de los derrotados con Artes y Meo; despreciados por el pueblo, por la flagrante inconsecuencia política y por ser adalid del mal que inspiró la destrucción de Chile: “yo no persigo ideologías”, mientras izaba la bandera de la diversidad.

A pesar de que es tan evidente la maldad que impera, es curioso comprobar la tolerancia gubernamental para no ejercer todo el imperio de la ley y la Constitución para restablecer el orden moral y social de la Nación. 

No se ha dado cuenta que los organismos autónomos dentro del Estado están actuando con criterios ideológicos de oposición. Tenemos al Tribunal Constitucional, denostado por la izquierda en los procesos constitucionales y hoy, defendido por la izquierda, porque tiene mayoría de sus miembros, a la Fiscalía Nacional y al Poder Judicial, que avanzan en esa dirección.

Sin ser entendido en la materia, la Carta Fundamental es clara en los procedimientos para quienes se apartan de la responsabilidad establecida en la norma constitucional o atentan contra el orden establecido. 

Para que hablar de los convidados a gobernar después de salir quintos. Hay una senadora, con modestas aspiraciones presidenciales, dentro de un abanico de otros pretendientes al alto cargo, que no escatima (n) esfuerzos en destruir la gobernanza de reconstrucción planteada por quienes los invitaron y exige respeto, aunque todos los días ayude (n) al caos. 

Quizás el complejo de no usar las prerrogativas presidenciales nace, por compartir con la izquierda la idea de que aplicar la Constitución, especialmente cuando a la izquierda no le conviene, éstos los pueden llamar antidemocrático, o quedarse sin “el supuesto apoyo” del consuegro y sus secuaces, (expresidente de RN).

Entonces, si es así, fracasará el Presidente Kast, pasando a la historia sin pena ni gloria; pero dejando la puerta abierta a un populismo o quién sabe…a una dictadura.

La izquierda en su levedad no tiene futuro, es imposible que el socialismo moderado y decente, que si existe, conviva con los agentes del mal. Éstos tienen claramente presente que si son aliados del socialismo extremo, igualmente serán los primeros en ser degollados, si se dieran las condiciones de un triunfo. Las similitudes, al igual que en la revolución francesa, por cómplices serán ejecutados por los que predican la refundación del Estado.

Los útiles, envueltos en la hoguera de las vanidades, como las de la foto,  tendrán el fin de Savonarola. 

 

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