OH! S’IO POTESSI
El día de la cuenta pública, por las horas de diferencia, caminaba en Roma por el Foro Imperial, no solo contemplando esas reliquias del Imperio Romano que desde hace más de dos mil años nos contemplan, si no que, mirando además los preparativos para la celebración de los 80 años de la creación de la República Italiana, lugar donde se realizaría la gran parada militar.
Luego
me di el tiempo de escuchar el discurso del Presidente por internet, no podía
no hacerlo, he sido crítico de la estructura comunicacional y me angustiaba,
como chileno, que esta situación se repitiera como muchos auguraban y para lo
cual la oposición había preparado su artillería y su accionar.
Con
la mayor objetividad escuché cada frase y, a medida que transcurría el tiempo,
me di cuenta de que algo había sucedido, no era una cuenta propiamente tal,
tampoco era un ofertón de promesas. Como tampoco una cuenta de errores y
disculpas. Era algo totalmente distinto, quizás la única cuenta pública en la
historia política del país cargada de realismo, donde primó el concepto de
responsabilidad, un sustantivo que desde que se abrió el telepronte con la
lectura del discurso hasta su cierre con la imploración de la bendición a Dios
para Chile, su pueblo y sus gobernantes, incluido el grosero comunista que se
atrevió a insultar al Presidente.
Pero
vamos al fondo, y para reafirmarlo me ceñiré a lo leído en un diario americano
en horas posteriores: “la palabra responsabilidad atraviesa silenciosamente
todo el discurso. Responsabilidad fiscal, responsabilidad institucional,
responsabilidad política y responsabilidad cívica. Una insistencia que
contrasta con una época en la que la conversación pública se concentró más en
las expectativas que en los deberes compartidos”.
Sin
duda que esta es la mirada que hay que hacerle a la “cuenta pública” que el
Presidente Kast entregó por mandato constitucional al Pleno del Congreso
Nacional y a la Nación completa.
Fue
un trabajo de gran envergadura comunicacional, realizado con la habilidad de un
excelente cirujano, que fue abriendo el cuerpo de la Nación y describiendo los
males que lo aquejan. No hubo recriminaciones políticas a grupos o personas que
pudrieron el tejido social y administrativo de la Nación; pero fue disectando
órgano a órgano el cáncer que lo corroe y explicando en palabras simples la
forma y fondo de la crisis que se vive y, cómo el bisturí limpiará, en el
tiempo, los males que aquejan el normal desarrollo de la Nación en todos sus
frentes para salvaguardar el orden, la seguridad, la familia y el futuro de los
niños de Chile.
En
ese espíritu rescató la importancia del alma nacional y resonaron los nombres
de O’Higgins, Carrera, Rodríguez, Portales, Prat, Baquedano, Montt; la historia
se hacía presente. No dejé de comparar esa circunstancia con lo ocurrido el 2
de junio en Roma. Una gigantesca bandera italiana envolvía los grandes muros
del Coliseo Romano mientras Andrea Bocelli entonaba el himno nacional, dando
comienzo a la celebración Patria. Un pueblo que no olvida su historia
tiene la certeza que conquistará el futuro. Ha eso nos ha llamado el Presidente
Kast: a recuperar el alma nacional.
Leí
las críticas inmediatas al discurso, lideradas por el vocero del diario El Mercurio,
un tal Peña, que ahora hizo las veces de experto lingüista para, en su
retorcida amargura, ofender al Presidente. A propósito de esto, ¿sabe Ud. cuál
es la diferencia entre un erudito y un sabio? El primero, sabe poco de mucho y
el segundo sabe mucho de poco. Ponga Ud. en la categoría que corresponde a este
lingüista que ya ha dado fama de teólogo, jurista, cientista político, sociólogo,
psicólogo y ahora, lingüista. ¿Lo ubicó bien? No podía ser de otra
manera, él ha liderado el descrédito a la persona de Kast y con su amañada
fórmula, expresada en tantos comentarios, chocó de frente con un discurso que
lo descarriló, nada de lo previsto se cumplió y el bisturí lo rebanó de arriba
abajo, dejando al descubierto que forma parte del mal que afecta nuestra Patria.
Que más podía hacer el pobre hombre si no que recurrir a una objeción del
lenguaje para entorpecer la esperanza sembrada.
Volvamos
al fondo, sin duda alguna quienes participaron en la asesoría de dicho mensaje,
merecen las más sinceras felicitaciones. Ayudaron al Presidente a salir
victorioso del desafío comunicacional, con responsabilidad como norte, con
convicción como voluntad y con decisión más allá de las encuestas.
Me
sumo a los ruegos a Dios, para que dichos desafíos se cumplan por el bien de
Chile.
Al
terminar de escuchar la alocución recordé lo que días antes había escuchado en
una exposición sobre la vida y obra de la gran soprano María Callas. Ahí, en
ese famoso teatro de la ópera italiana había una grabación de la ópera Il
Pirata, de Vincenzo Bellini, donde en el acto II, al rugir de la percusión se
oye cantar “Oh! s’io potessi”!!
Sí,
si yo pudiese… gritaría a la distancia,
Presidente, ese es el camino ¡¡¡no ceda!!!
Finalmente,
y para ser benevolente, a ese Peña le recomiendo escuchar el concierto número 3
de Liszt llamado: Consolación y, que luego, seque sus lágrimas ante su derrota con
las hojas de El Mercurio que es para lo único que pueden servir, en su servicio
al progresismo.
Presidente,
ponga ojo, no descuide la mirada sobre los invitados de piedra que ha llamado a
gobernar (los que salieron quintos), se huele a la distancia que le preparan un
golpe de estado soft, liderado, en su lluvia de críticas, por la morena del
Senado.
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