SHALPER, OSSANDÓN Y EL MILICO PARDO: CONSUMADA LA DESLEALTAD

 

                        

Luego de la favorable acogida en la Cámara de Diputados del libelo presentado para juzgar políticamente a Nicolás Grau, exministro de Hacienda del gobierno Frente Amplista, se hace necesario precisar algunas consideraciones que dicen relación con el comportamiento humano. 

Conocido el resultado y visto el panel de cómo votaron los miembros de dicha Corporación, me aboqué a estudiar algunos antecedentes históricos que hablan con claridad sobre este flagelo que corrompe el alma humana: la deslealtad 

Encontré que a lo largo de la historia, diversas figuras han cambiado el rumbo de imperios, guerras y religiones a través de engaños. Las traiciones más resonantes abarcan desde asesinatos hasta deserciones en conflictos bélicos mundiales.

Sin duda, el beso que quemó la historia es el de Judas Iscariote y el ejemplo más elocuente de las bajas pasiones humanas. Por 30 monedas de plata traicionó a su Maestro; quien lo había elegido como su compañero de ruta en el inicio del gran proyecto de la cristiandad, pasando a la historia como el ejemplo más doloroso de la maldad humana, marcando para siempre el comportamiento humano, moral, social y político.

Sin embargo, lo que hace estremecedora la traición de Iscariote, no son solo las treinta moneda de plata -el precio de un esclavo, una cantidad miserable para vender al Creador- si no la intimidad del gesto. Elegir un beso, el símbolo universal del amor y la fraternidad, como señal para la captura, demuestra una perversión espiritual absoluta.

Pues bien, la traición vista bajo el prisma de la historia y de la fe, no es un crimen pasional, es una ruptura deliberada y calculada del vínculo más sagrado que sostiene la civilización: la lealtad. 

Tanto es así, que Dante Alighieri que poseía una arquitectura moral tan precisa como implacable, tuvo a bien situar a los traidores en el punto más profundo del infierno. No los rodeó de fuego, como a los lujuriosos o a los herejes, sino de hielo en el noveno círculo, en el lago Cocito: los desleales permanecen congelados, inmovilizados en la frialdad de su propio corazón.

Es la enseñanza que nos dejó este famoso escritor italiano en su obra cumbre: La Divina Comedia.

Repasar la biografía de los grandes traidores es asomarse al abismo de la condición humana; allí donde la ambición, el resentimiento o la simple codicia, pesan más que el honor.

Pero, al mismo tiempo, no deja de ser curioso que en el caso de Judas, gnósticos y modernos, a lo largo de la historia, hayan intentado rehabilitar su figura, buscando explicaciones políticas a su acto. La tradición cristiana, con buen juicio, ha rechazado esas componendas rehabilitadoras de Judas. Este es el recordatorio de que la cercanía con la Luz no garantiza la santidad; el libre albedrío permite al hombre elegir la oscuridad, incluso, teniendo la verdad delante. 

Su final, ahorcado y desesperado marca la diferencia fundamental con San Pedro: el traidor se encierra en su culpa; el pecador arrepentido, se abre a la misericordia. 

Los tres nombres que dan origen al título de esta columna han dado una muestra fehaciente de esta condición perversa del hombre: la carencia de lealtad. Ellos forman parte de un sistema político que intenta resolver una crisis que sume a la Nación en una desesperada lucha por buscar caminos de solución, pero al mismo tiempo limpiar moralmente al país de quienes son los responsables del desastre que arrastró a Chile a su agonía económica. Sin embargo, ellos intentan lanzar un salvavidas a los ejecutores del mal, traicionando a sus compañeros de ruta.

En Shalper, si bien es cierto, no es nuevo su comportamiento, desde hace mucho, viene siendo la bisagra entre una derecha progresista (la cobarde) y la izquierda frente amplista. Hay que recordar que en su computador se escribió uno de los principales artículos que pretendió imponer en el cambio constitucional rechazado abrumadoramente por el pueblo: el estado social y democrático de derechos. Se ha preguntado alguna vez de ¿dónde este diputado, instalado en Renovación Nacional, ha sacado estos planteamientos? O, ¿a quién sirve con estas ideas? Pues bien, recuerde Ud., que el llamado “Estado Profundo” – que pretende el gobierno mundial y que tiene su sede visible en el Foro de Davos (Suiza), lo invitó hace algunos años, junto a Giorgio Jackson, como las figuras jóvenes más promisorias de Chile para avanzar en los cambios que dicha organización plantea para el mundo. Sus planteamientos están estructurados en la agenda 2030, que se quiso materializar a través de los procesos constitucionales fracasados y que tuvo como inspiradores nacionales a estos dos individuos premiados por el Foro de Davos. Curioso, ¿no le parece? No les importa la deslealtad con su país, están al servicio de una causa que borra el concepto de Historia, Patria, Soberanía y Nación.

La otra encargada de purgar culpas de resentimiento es la diputada Ossandón, cruzada por la ambición. En ella es comprensible su confusión; cree, en su fanatismo religioso, que existe la posibilidad de reivindicar a Judas y, por tanto, actúa en consecuencia sin darse cuenta de que su comportamiento es tan “reguleque” como el sueldo que percibía, cuando fue funcionaria en el primer gobierno de Piñera, cuna de las peores traiciones.

En el caso de Pardo, el asunto escapa a un análisis solo de comportamiento político. Aquí hay una malformación intelectual de origen, que lo ha llevado a las peores confusiones. Justifica su apoyo a Grau, argumentando que como un hombre de formación militar juró ante la bandera. Pero ¿alguien en su sano juicio puede tolerar semejante felonía? Juró ante la bandera defender la Nación y dar su vida si era necesario. Frente a uno de los artífices de la destrucción económica de la Nación, el invoca su juramento para intentar salvarlo del juicio político. Entonces, aquí cabe con rigor una reflexión. ¿Existiría Punta Peuco si los milicos, como Pardo, no hubiesen traicionado sus valores y principios? 

Les dejo esta columna para que juzguen el comportamiento de estos individuos y en su momento póngalos en la horca para que mueran ahogados en sus propias y desleales ambiciones y también para que tomen conciencia los senadores, que actuarán como jueces.

Y el colmo de los colmos, al cerrar esta columna, Renovación Nacional pretende postular al máximo representante de la derechita cobarde, como presidenciable. No sé si reír o vomitar: faltan 3 años y medio para la próxima elección y ya la ambición, brota.

 

 

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