DE NATURALEZA FOME
Columna de Osvaldo Rivera
En los
últimos días la gente informada de este país se vio conmocionada por las
declaraciones expresadas por la exministro Mara Sedini; por la crudeza de su
contenido y, sobre todo, por una política comunicacional terriblemente
deformada en torno a lo que debe ser la administración del poder. En los oídos
de miles de chilenos y en los titulares de medios de comunicación, nacionales e
internacionales, se escucha y se lee lo que indica el título de la columna: ¡¡Fome
para gobernar, Fome para vestir, Fome para hablar y Fome para responder!!
En la política tradicional,
el gobierno fome se utiliza para calificar administraciones percibidas como
grises, burocráticas y distantes de las urgencias ciudadanas. Representa una
crítica a liderazgos enfocados, excesivamente, en la frialdad de las cifras y
la gestión técnica por sobre la empatía y la transformación social. La fomedad
es vista, peyorativamente, por privilegiar el consenso o, asimismo, la falta de carisma; también, se usa como una reivindicación
frente a la espectacularización de la política y el populismo. Muchos electores
valoran la sobriedad frente a quienes, de la política, hacen un show.
El uso de este término ha
marcado debates institucionales. Por ejemplo, en el actual escenario político
chileno, figuras oficialistas han criticado administraciones pasadas
acusándolas de "administrar la mediocridad", mientras que
exautoridades han llegado a denominar irónicamente ciertos estilos de gobierno
como un "gobierno de fomes". Esta observación generalizada, como
concepto de habitual ocurrencia tanto en política como en la vida social, es
muy distinta cuando se plasma en un “estilo de gobierno” a menos, y así parece
desprenderse, que sea un modelo de política comunicacional gubernamental: la
fomedad en el estilo y fondo.
Estas frases desclasificadas,
por boca de Sedine, apuntaron sin mayor esfuerzo al segundo piso: ”una de las
persona, de las tres, con más poder”
Detengámonos a analizar qué
significa el poder y sus características:
El poder es la capacidad o
facultad de un individuo o grupo para influir en el comportamiento, las
decisiones o el pensamiento de otros. En un sentido más amplio, también se
define como la habilidad de hacer que las cosas sucedan o de cambiar
situaciones.
Para comprender su alcance, es fundamental conocer sus características
principales y los tipos en los que se manifiesta. El poder es relacional. No
existe en el vacío; siempre se da en interacción con otros. Siempre implica a
un sujeto que lo ejerce y a otro que lo experimenta. Es dinámico y transitorio:
El poder no es estático ni permanente. Puede cambiar, transferirse o perderse
dependiendo de las circunstancias y el contexto.
El poder es multidimensional:
No proviene de una sola fuente. Puede derivar de la fuerza (coerción), el
conocimiento, las relaciones, el dinero o la posición jerárquica. Es legítimo,
cuando está respaldado por leyes, normas o el consentimiento de quienes lo
obedecen (como un gobierno democrático). Es ilegítimo, cuando se impone por la
fuerza o el miedo.
También el poder puede ser
económico. Derivado de la posesión de riquezas, bienes o el control sobre los
medios de producción y el mercado.
Puede ser de expertos,
sujetos al conocimiento, basado en la posesión de habilidades especiales,
destrezas o información privilegiada que otros necesitan.
Finalmente, dentro de las
características, el poder puede ser coercitivo. Se basa en la aplicación (o amenaza)
de castigos, violencia o sanciones para lograr obediencia.
Si todas estas son las
características del poder quien lo ejerce debe tener claro que, el poder del
cual está investido debe ser: majestuoso, paternal, bondadoso y justo.
Pues bien, una declaración
de “gobierno fome“ implica una grave descripción que apunta a las
característica propias del gobernante: Es fome en forma y fondo, sin duda.
Entonces, los iluminados han
decidido traspasar esas características personales al estilo de gobierno en vez
de hacer todo lo contrario. Lo han hecho funcional a la personalidad del
gobernante, entonces calza perfectamente la desclasificación que hace Sedini
donde, claramente, no está mintiendo. Le intentan robar su estilo personal, el
cual fue clave para el proceso de campaña: dinámica, empática, confrontacional,
clara, alegre y con mística; características que la llevaron al cargo para el
cual fue designada. Sin embargo, para el “poder” esas características útiles
para ganar fueron indeseables para gobernar. Se preguntarán, ¿por qué?
Si la política gubernamental
es fome, es única y exclusivamente para evitar que ninguno de los colaboradores
brille con luz propia y demuestre sus talento, opacando al “poder”.
En la reunión, descrita por
Sedini, cuando se produjo un diálogo duro, ella contestó: “yo no soy así, yo no
soy esa“; la respuesta no se dejó esperar: ¿No eres actriz acaso? entonces, actúa.
Esta es una clara coerción a la función de un comunicador que, según su
formación, va en busca de la verdad. Ese trastoque de identidad la hizo
obedecer órdenes que la llevaron a un desempeño no acorde con su personalidad y
actuar con las equivocaciones propias de alguien que está presionado a no ser
quien es, y a recibir información para comunicar, elaborada y errada de otros.
Lo sintomático de esta
situación es que el Presidente eligió esa dinámica, razón por la cual la sacó
del cargo, dando una muestra más de su histórica utilización de las personas
que han estado a su lado y que, cuando ya no sirven a sus propósitos, las
desecha. La lista es enorme….
El manejo del poder otorgado
sufre una grave distorsión. El poder de Kast no viene porque se lo merezca, no
hay mérito alguno para que sea así. Durante 16 años como parlamentario no
existe en los anales ley alguna que lleve su nombre o al menos su principal
impulsor; la más conocida es: impulsar la ley para que se vendan lentes de
lectura, sin receta médica.
Hoy, cuando recibió un apoyo
electoral del 58,2% fue coyuntural; obedeciendo a un enfrentamiento entre él y
una candidata comunista. Se colige, entonces, que esa votación es solo
circunstancial ya que pasó a segunda vuelta solo con un 23,96% ahí, muchos de
su electores lo fueron, por creer en un contundente plan de seguridad que
resultó no existir.
Me pregunto entonces, ¿Kast,
en su religiosidad, habrá entendido el sentido profundo del diálogo entre
Pilatos y Jesús, ya flagelado? Pilatos indica:
¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo la autoridad para crucificarte y que
tengo la autoridad para soltarte?
Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de
arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado mayor pecado tiene.
Según los relatos bíblicos,
el diálogo más destacado entre Jesús y Poncio Pilato gira en torno a la
naturaleza del reino de Jesús y la verdad. Durante este interrogatorio, Jesús
guarda silencio ante las acusaciones, lo que dejan a Pilato desconcertado,
antes de lavarse las manos.
El diálogo central, recogido
principalmente en Juan 18:33-38, presenta un intercambio donde Jesús aclara que
su reino "no es de este mundo" y que su misión es dar testimonio de
la verdad. Ante la pregunta de Pilato sobre qué es la verdad, el diálogo
subraya la incomprensión del gobernador romano sobre la naturaleza espiritual
del mensaje de Jesús.
Finalmente, ante la presión
de la multitud y la amenaza de un tumulto, Pilato se lava las manos,
declarándose "inocente de la sangre de este justo". Este acto es
seguido por la respuesta de la multitud, aceptando la responsabilidad sobre la
crucifixión.
¿Se lava las manos Kast, sobre su responsabilidad en estos hechos
descriteriados cometidos por sus asesores, investidos de poder omnímodo?
Vámonos a la filosofía. El
poder de un presidente se entiende como una autoridad delegada temporal cuya
legitimidad proviene del contrato social, la soberanía popular y el marco
jurídico y está lejos de ser un mandato absoluto. Es un instrumento ético y
administrativo diseñado para garantizar el bien común: mantener el orden y
proteger los derechos ciudadanos. John Locke y Jean-Jacques Rousseau sostienen
que el poder del presidente no es innato, sino prestado por el pueblo. Los
ciudadanos ceden una parte de su libertad y poder a un gobernante para que este
proteja sus derechos básicos y la propiedad privada; si el presidente abusa de
esa autoridad, el pueblo tiene derecho filosófico de revocarla.
En las actuales
circunstancias, da la impresión de que tanto al presidente como a sus asesores,
les falta lectura y si la tienen se han decidido no por la filosofía clásica
sino por los planteamientos de Maquiavelo, quien desvincula la ética, del poder
presidencial. Para él es una herramienta de dominación, estrategia y control del
Estado, donde el gobernante, aconsejado por sus asesores directos, debe saber
utilizar la fuerza, la astucia y la imagen pública para mantener la estabilidad
frente al caos.
La pregunta a Sedine ¿no
eres actriz?, actúa entonces pareciera decir, entre líneas: baja las
revoluciones, no seas confrontacional, enmascara la verdad y si llega el
momento, miente; sino, opacas al Presidente.
¿Cuál, finalmente, será el
destino de este gobierno si el verdadero ministro del interior está en las
sombras y el que da la cara dice: “seré fome en mis respuestas, perdonen“?
La fatalidad se avecina,
nada se sacará metiendo las “patas al barro” y diciendo: “todo va a estar bien”;
lo que se busca es liderazgo, don de mando, autoridad, admiración, elegancia,
paternidad, con un discurso profundo que haga florecer la mística y
benevolencia, la que confunden con una torpe humildad y simpleza. Tienen la
misma actitud de esas monjas, hijas de gente rica, disfrazadas de zaparrastrosas,
ayudando a los pobres para lavar la conciencia de provenir de gente con buenos
recursos que les dio excelente educación y ofreciendo caridad, buscando esperar
que les crean.
Como antecedente, al brillo
o esplendor se opone la opacidad. Ese es el mecanismo del mal presente hoy en
las iglesias modernas, carentes de todo esplendor de iluminación y de belleza
en toda su iconografía que invita a imaginar. Entonces, debo concluir que la
opacidad es fruto del demonio que metió la cola en La Moneda o, al parecer, el
cuerpo entero.
¿Ud. comprende tanta
estupidez conjugada en el poder? Mala cosa o como diría un lolo y flaite: ¡¡es brígido!!
Y la gente cuerda, queda en shock.
Al cierre de esta columna,
la historia de este gobierno se torna, francamente, delirante:
1. Le
piden la renuncia al Subsecretario de Hacienda porque el análisis de droga sale
positivo, sin esperar el resultado de la contramuestra, alegando un principio impuesto
como estilo al asumir el gobierno, pero atentando contra un principio jurídico
elemental: “se presume inocente, del acto investigado, hasta que no se
demuestre lo contrario”. Se ha atentado contra la dignidad de la persona.
2. El
Ministerio de Justicia, retira la indicación de juzgar a menores de edad (17-18
años) por delitos graves, como si fueran adultos. Esto ocurre en el mismo
momento en que desde el Instituto Nacional lanzan una bomba molotov sobre un
auto con niños dentro.
Así vamos, y más encima se
repite en cada ocasión que se puede, todo va a estar bien.
En lenguaje coloquial español,
¿no le parece, peripatético (ridículo, extravagante, sin rumbo)
Comentarios
Publicar un comentario