LIBERTAD Y DESARROLLO: ENTRE EL SER Y NO SER

                                                                             

                                                

Desde Múnich, defendiendo occidente y la batalla cultural que viene

El domingo recién pasado un matutino de la capital realizó una entrevista al presidente del consejo asesor del Instituto Libertad y Desarrollo. 

De la larga entrevista es necesario destacar el siguiente párrafo que, incluso fue parte del titular de la entrevista y destacado en rojo en el centro de ésta: “Un proyecto sobre la base de una batalla cultural conservadora no tiene ninguna posibilidad de éxito en Chile“ (sic.)

Hace un tiempo atrás, con motivo del once de septiembre, la juventud del Partido Republicano realizó un video celebrando la victoria del Pueblo chileno frente al comunismo.

Acto seguido militantes de la hoy fallecida Evopoli, todos ex ministros de Sebastián Piñera, en carta pública aparecieron criticando a los jóvenes republicanos y diciendo: “representa un lamentable retroceso democrático desde un sector de la derecha” (sic)

Luis Larraín Arroyo, quien fuera ministro en el Gobierno Militar, preguntó en redes sociales: quiero saber si haber apoyado al gobierno del General Pinochet es incompatible con votar por Evopoli, aseverando: “yo lo he hecho en el pasado y pareciera que no podría seguir haciéndolo“ (sic) 

En ambas declaraciones públicas se observa una profunda incongruencia conceptual y, peor aún, histórica.

La Revolución Silenciosa que él escribiera junto Joaquín Lavín y cuyo primer ejemplar le entregaran sus hijos al Presidente Pinochet en acto público, habla de los grandes cambios modernizadores de Chile y como silenciosamente fue cambiando la calidad de vida del pueblo Chileno, rompiendo con el concepto de masas impulsado por la izquierda y aburguesando a la clase trabajadora (movilidad social, lo llaman).

Esa fue, sin duda, una batalla cultural, sustentada en la declaración de Principios del Gobierno de Chile y del discurso de Chacarillas y de cuyos elementos se nutre la Comisión Ortuzar que más tarde quedan plasmados en la Constitución de 1980; una de las pocas, sino la única, de origen iusnaturalista en el mundo. La que nos rige.

¿Qué significa este concepto?: el iusnaturalismo es una corriente filosófica y jurídica que sostiene la existencia de derechos inalienables y principios morales universales -el derecho natural-anteriores y superiores a cualquier ley creada por el hombre (derecho positivo). Defiende que el derecho justo debe basarse en la razón humana y la moralidad.

Pues bien, sobre la base de esta Constitución se fue reconstruyendo el país.

También, sobre la base de dicha Constitución el pueblo rechazó dos veces los proyectos refundacionales motivados el primero, por la izquierda extrema y apoyado por el gobierno liberal de Sebastián Piñera, quien para ello claudicó a sus obligaciones y deberes presidenciales, llamando a un acuerdo por La Paz. El segundo intento, apoyado por la derecha, amparada por Libertad y Desarrollo y materializada por la derecha política cobarde, también fue derrotada. ¡Felizmente, fueron derrotados abrumadoramente por el pueblo!

¿Alguien se ha preguntado la razón de fondo de este inmenso rechazo? Nadie, solo se lo tomaron como una repulsa a los individuos electos para orquestar este proceso y al gobierno de Boric, que apoyó con toda su energía refundar el país. Pero no, el pueblo consciente de su identidad no estuvo dispuesto a perder primero la condición iusnaturalista de su legado y a sentir que son  ante todo personas con vida espiritual y material; que se yerguen en la vida sujetos a sus valores, principios, costumbres y tradiciones; que vibran con el sonido de los himnos nacionales; que respetan los símbolos patrios; que se identifican con su tierra; su pasado; que glorifican la familia y la enseñanza familiar; que aman almorzar con sus hijos ya grandes los domingos y que muchos, en familia, los domingos, asisten al templo de su religión.

Todavía quedan grabados los más de un millón de peregrinos que en procesión asistieron a rendir su devoción a la Virgen María en el Santuario de Lo Vásquez el pasado 08 de diciembre y, otro tanto, lo hacían el 16 de julio en las calles de Santiago, rindiendo tributo a la Patrona de Chile y recordando aquella heroica batalla de Maipú que selló nuestra independencia nacional y donde O’Higgins pronunció el famoso Voto de Maipú, implorando a la Virgen la protección de Chile. Desconocer estos hechos presentes e históricos que dieron sentido al rechazo del pueblo a todos los fundamentos consagrados en ambos mamarrachos, inspirados ambos en la agenda 2030 y en sus 17 objetivos de desarrollo sustentables, llevados a la práctica bajo 169 metas, es no conocer el alma del Chile. 

Entiendes, Luis Larraín, ¿qué es una batalla cultural? Entiendes, Luis Larraín, ¿por qué Chile no es liberal, sino profundamente conservador?

Pero, créeme que con dolor entiendo tu contradicción. Has dirigido por años un centro de pensamiento Económico-Político cuyo norte ha sido poner la economía por sobre la política y hacer funcional el Estado y sus gobiernos, solamente desde la perspectiva material, olvidando la importancia espiritual del hombre. Ustedes le cambiaron la identidad al ser nacional y hoy solo es reconocido por un código de barras y cuanto es posible que produzca. Ustedes han intervenido la política, haciéndola funcional a los interés empresariales. Ustedes han despreciado la voluntad soberana del Pueblo y se sienten ganadores de una batalla política en que salieron quintos. Es que el pueblo comprendió por fin lo que hace la diferencia entre una página Excel y una página Word. En esta última, está la historia de la vida de cada uno de nosotros; ahí se plasma su identidad iusnaturalista, en cambio, en la de ustedes, en la Excel, solo hay datos fríos e impersonales donde, por cierto, tiene más cabida una concepción liberal que tradicionalmente se basa en el relativismo tan amigo de las corrientes progresistas, que ustedes también han apoyado.

Por eso, Luis, nuestra batalla cultural, es el término de todos los “ismos” y ten lo claro, no es una idea, es un mandato. Más de 7 millones de chilenos votaron por Kast, porque creyeron y tienen la esperanza de que vuelva a reinar la historia, la filosofía, el respeto al hombre y la mujer por igual, se termine el lenguaje inclusivo y se encaminen la ciencia y la tecnología para el bien común. Se respete la autoridad y el orden y, por sobre todo, reine la convivencia familiar, base de la estructura social .

Eso estimado Luis, es Chile: ¡¡profundamente conservador!!

Te sugiero leas y profundices el reciente discurso de Marco Rubio, en Múnich, y aproveches de recomendárselo como lectura obligada a la futura ministra de educación que salió de las entrañas de tu institución, a ver si logran salir del dilema Ser o no Ser.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

UNA JUGADA MAESTRA

CARTA ABIERTA A SOLEDAD ONETTO

NUNCA COMO HOY LA VERDAD SE IMPONE: JARA UNA IMPOSTORA