LA MENTIRA COMO ARMA POLÍTICA

                                                                     

                                            

Nada de que extrañarse, la mentira es el arma preferida de la política de hoy, la que está agarrada de una confianza muy frágil en nuestros políticos. Esta fragilidad se produce en la medida que existe un cierto cinismo de la población (electorado) que -de acuerdo con la experiencia- saben que tienen que tomar con pinzas lo que dicen los políticos, especialmente las “promesas“ en tiempos de campañas. Así y todo, esperan ser traicionados para luego sentirse muy traicionados por ellos.

Esto tan simple de entender fue tratado largamente en el Foro de Ideas, realizado en 2015 en Valparaíso, donde estuvo de invitado el escritor y filósofo Martín Jay, quien abordó la mentira en política y fue ampliamente difundido por algunos medios de comunicación, entre ellos El Mercurio, El Mostrador, entre otros.

En una de sus entrevistas sostuvo: ”Comprendí la frecuencia de la deshonestidad como un tema político, tanto como una realidad como objeto de crítica, en el sentido de que era un aspecto constante en la vida política, que debía analizarse en profundidad en lugar de simplemente denunciarse desde una perspectiva moralista”…

Sin duda que es así, lo ocurrido recientemente entre el Presidente saliente y el Presidente entrante habla del nivel de corrupción al que se ha llegado para engañar al pueblo y así mantener una imagen sujeta en la deshonestidad política, usando una retórica retorcida y mintiendo descaradamente el Presidente saliente a su sucesor y al Pueblo. 

Pero vamos al fondo del asunto; el filósofo Jay escribió un libro titulado “Virtudes de la mendacidad: sobre la mentira en política”. Libro en que el intelectual resume todo lo que investigó sobre este tema a través de los años. Desde la defensa de Platón “en las mentiras nobles” hasta Hannah Arendt y su análisis sobre la mentira durante la Guerra de Vietnam. Prestó también atención a San Agustín, Kant, Rousseau, Maquiavelo, Strauss y Derrida.

El arma, “la mentira“, usada en política hoy se ha hecho una práctica que impacta el consciente colectivo de la población, ya que se ha hecho un hábito o costumbre de mentir, engañar o falsificar la verdad. Esto sucede, reiterando, que solemos inflar las promesas para luego resultar profundamente decepcionados. Es lo que ha ocurrido en los últimos 30 años en Chile, con una frecuencia casi diaria.

En el caso de Boric su fracaso evidente, es un hecho que resulta especialmente cierto y es indiscutible que, haciendo gala de una retórica rebuscada, lo envolvió en un carisma más que en sus políticas reales, viviendo una fantasía del poder. Su intrepidez excesiva lo condujo a una reacción de desilusión y desconfianza que ha envenenado perversamente la actitud de confianza que debe investir a los nuevos líderes políticos, produciéndose un círculo vicioso de desconfianza permanente y cinismo en la opinión pública.

Un arma política perversa que solo ayuda a generar caos, objetivo que han perseguido con su obsesión refundacional. 

El autor señala que la mentira siempre e históricamente ha sido una herramienta de fácil disposición y, por tanto, no es inusual que los políticos actuales la usen pareciendo más grave un escándalo actual, que muestra el grado de corrupción del orden vigente, que un escándalo ocurrido en el pasado. No olvidar que hoy las redes sociales y los medios comunicacionales alternativos están al alcance de todos. 

Desgraciadamente la mentira está presente tanto en los malos como en los buenos políticos. 

Pero lo ocurrido en estos días, en esta gran mentira, subyace una legitimidad dudosa de un régimen que finalmente se derrumba. 

El periodo que se inicia es de esperar que no dependa de un montón de pequeñas mentiras, medias verdades o ambigüedades y sea todo un éxito la transparencia ofrecida, pasada y presente.

Todos sabemos que en temas en que difieren al menos públicamente, los políticos de una misma coalición enmascaran sus diferencias con llamados a la unidad. Solo basta recordar cómo enconados rivales en una reciente primaria, repentinamente, de cara a la segunda vuelta respaldan al candidato vencedor como si siempre lo hubiesen apoyado. La sinceridad absoluta deberá esperar a sus memorias cuando se desate la batalla por el control del poder y con mayor razón si hay voluntad política de investigar toda la corrupción que ha enlutado al país y, particularmente, en los últimos 8 años en que el cable chino es el envoltorio de una madeja de finos hilos que cruzan todo el espectro político.

Entonces, ¿Cuál es la verdad de la mentira política? Respondería: el Pueblo como legitimidad y soberanía democrática. En el esquema que hablamos, los políticos usan el pueblo en un contexto de mentira benigna que permite evitar la consecuencia peor, la de otorgar el poder soberano, a otras instituciones o figuras. Pero cuidado el Pueblo tiene límites y cuando la corrupción empaña su voluntad, el castigo histórico puede ser desbastador. 

Es de esperar que impere de verdad, el sentido común y no existan ambigüedades y lealtades mal entendidas.

Tirar la mugre debajo de la alfombra y dictar leyes de opaca transparencia con el pretexto de salvar la República, es otra gran mentira para encubrir la corrupción. 

 

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