LOS EFECTOS DE LA GUERRA
No cabe duda de que el gobierno está siendo consecuente con sus promesas electorales. Esta es una condición esencial si se quiere devolver al país la fe pública y la confianza en sus autoridades.
Como lo expresé en un
comentario pasado, la izquierda opositora está no solo descolocada y sin rumbo
por donde enviar su modesta fuerza de ataque, porque que en su interior hay un
profundo temor a quedar a la intemperie por las fechorías cometidas en su
reciente administración y la auditoría arroje un panorama más desastroso y
desolador de lo ya sabido.
Es de esperar que dichas
acciones se concreten y lleguen hasta las últimas consecuencias, la verdad lo
exige y la honradez política lo demanda. No es hora de buenismos, ni mucho
menos transacciones electoralistas.
Vendrán días muy complejos;
el alza de los combustibles es un fenómeno mundial, derivado de una
confrontación bélica contra uno de los países más criminales de los últimos
tiempos en que basta disentir para ser condenado a la horca y en público, como
ocurrió hace pocos días con tres jóvenes iraníes, uno de ellos, un destacado
deportista.
La ofensiva que realiza Irán
es una ataque contra Occidente, pero ojo, siempre su objetivo fue pensado así: ¡¡Hay
que liquidar a los infieles!!, ese es su lema.
La forma de atacar a
Occidente ha sido creando un bloqueo de gas y petróleo, cercando el estrecho de
Ormuz, con lo cual los precios de este vital elemento energético suben en todo
el mundo. El 20% del consumo mundial pasa por ahí.
A su vez, han intentado destruir refinerías de
los países del Golfo, vecinos a Irán, que siendo musulmanes igual que ellos son
de sectas religiosas distintas. El régimen de Irán profundamente influenciado
por el Islam Chií, la religión oficial del Estado y doctrina de la teocracia
gobernante -un 90% de la población lo practica-; pero el régimen utiliza una
interpretación radical del chiismo, conocida como “velavat-e fagih, que
significa tutela del jurista“ para justificar su poder político, militar y
religioso en su expansión hacia Medio Oriente, en contraposición a estados Sunies
(Catar, Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, etc.) A
ello agregamos Pakistán, Turquía, Jordania, Marruecos, etc. Esta es la razón
más poderosa para controlar a Irán, ya que por su desarrollo militar y nuclear
se trasformaba en una potencia que controlaría, por la religión, todo el Golfo Pérsico
y una amenaza para los otros países alejados del conflicto, pero musulmanes y
así golpear a los infieles de occidente desde varios frentes, incluido el
terrorismo puesto en marcha.
Esta situación geopolítica
del conflicto impactará fuertemente a Chile quien, por políticas fiscales mal
estructuradas, pensando siempre que el Estado debe subvencionar el combustible
para aminorar sus costos en la población y también derivado de presiones de
gremios, como el de los camioneros y otros, ha llegado a tener un precio falso
del petróleo y combustibles derivados.
El Ministro de Hacienda, ha
sido claro. Hoy el estado gasta 200 millones de dólares semanales en
subvencionar el combustible nacional. Con esos valores se podría solucionar la
atención oncológica de toda la lista de espera nacional, en 90 días.
Entonces, como no existe
dinero en las arcas fiscales para seguir operando con el mecanismo de control y
estabilización de precios de los combustibles; el gobierno modificará el
Mepco, intentando amortiguar el impacto brusco del precio; pero alza habrá, sin
duda alguna.
Será una medida
políticamente impopular, pero necesaria y el país que quiere que se termine la
permanente incertidumbre en todos los ámbitos de la vida cotidiana tendrá que
comprender que esto no es solo derivado de una política restrictiva y de
ordenamiento interna; es causa, además, de un conflicto internacional.
Aquí es donde se hace
necesaria una vocería eficiente que apunte a la necesidad de que el pueblo
razone, apelando a una comprensión de la crisis mundial por muy lejos que
estemos del escenario de la guerra.
La vocería es, quizás, el
ministerio más importante de un gobierno; donde se necesita templanza,
conocimiento, aplomo y veracidad. Un vocero de gobierno es el portavoz oficial,
responsable de gestionar la comunicación entre el ejecutivo y la opinión pública,
transmitiendo mensajes claros, estratégicos y veraces. Sus
características claves incluyen alta capacidad de síntesis, preparación
técnica, manejo de crisis, empatía, credibilidad y lealtad a la estrategia
gubernamental.
No necesitamos un modelo de
televisión dando noticias. Necesitamos una fuente que inspire y que impregne a
la opinión pública de un relato coherente y serio.
Por eso creo que, basarse en
una vistosa imagen personal no es el camino correcto y puede ser fatal de no
producirse un cambio, por doloroso que sea, para quienes se han comprometido en
esta función; pero el éxito no es personal, es el país y su gobierno el que se
expone a un riesgo que es fácil de corregir.
Siempre se ha sabido que los
ministros y autoridades superiores de confianza del Presidente son fusibles, se
queman y se cambian. Una regla de oro que siempre deben tener presente los que
asumen esas responsabilidades.
Permítanme una reflexión: la
foto que ilustra esta columna es una reunión de las muchas que hubo en el
comedor de mi casa, tomada por mí. Ahí se fueron estructurando ideas y acciones
para enfrentar el desafío de la primera incursión presidencial del actual
mandatario. ¿Qué había ahí? cohesión, imaginación, determinación, conocimientos
y estrategias. Se sabía comunicar y se sabía manejar algo capital, los datos,
para una explicación simple acabada y creíble a la ciudadanía del proyecto
político en juego. Esto no volvió a repetirse en las otras oportunidades. Lo
recuerdo, porque quizás el peor defecto de los políticos es el olvido.
Cuando Piñera fue electo la
primera vez recibió el apoyo irrestricto de Carlos Larraín, ayudando a
convencer al ala más conservadora de la derecha que no lo quería. Cuando
asumió, Larraín le dijo al Presidente “te ayude bastante a construir este
triunfo“; respuesta: “Este solo es mérito mío“
¿Habrá quedado claro? .....
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