EL BUENISMO COMO ESTRATEGIA POLÍTICA




Na
da puede ser mas nefasto para la defensa de las ideas que asumir una posición buenista.

En la década de los ochenta tres líderes mundiales tuvieron claro que la defensa de las ideas se hacían enfrentando con decisión al adversario. Reagan, parado frente al muro de Berlín desafió a Gorvachov: “derribe el muro Mister Gorvachov”, poco tiempo después se derribada y con ello se desplomaba el comunismo. 

Margareth Tacher, en el parlamento británico, defendiendo sus planteamientos dijo: “señores las ideas y principios no se transan, se defienden“. Bajo ese lema no titubeo en enviar su flota al atlántico sur y defender las islas Falkland. 

El Papa Juan Pablo II, en el Estadio Nacional, cuando el vocinglerio comunista pretendió hacerlo callar, gritó: “Mírenlo a él” -señalando el rostro de Cristo- quien fue sacrificado por defender la verdad. Y en su pontificado se condenó la Teología de la Liberación.

Grandes figuras, grandes líderes, a los cuales ni los posteriores, ni menos los de ahora, se pueden comparar.

En Chile es patético como se revuelcan en la ambigüedad conceptual. En un batido argumental que no tiene lógica cada uno intenta imponer su modestísimo proyecto. Unos sembrando el odio de clases y los otros, tratando al ser humano como un número estadístico, solo preocupados del desarrollo económico.

Días pasados visité Dachau, un campo de concentración utilizado durante la Segunda Guerra Mundial. En la reja de entrada hay escrito en letras de fierro: “arbeit macht frei" -el trabajo los hará libres-. Sin duda, me impactó y no pude dejar de pensar en mi país cuando los fanáticos economistas sostienen “la posibilidad de elegir nos hará libres”. En ambos casos el valor y naturaleza del hombre no tiene importancia de ahí que para la derecha, la cultura sea uno de los bienes espirituales, a lo que menos importancia se le asigna e incluso hoy preparan un conversatorio para analizarla desde la óptica económica.

Aparece una nueva imagen ante tal falta de concepciones valóricas, una fórmula “buenista”, un bolsillo donde cabe de todo, una especie de saco limosnero con el que se  pretende hacer caridad política, otorgando lisonjas a los adversarios y enemigos políticos y, con esa beatería absurda, solicitar sacrificios a los  propios: ¿en virtud de qué, si ni siquiera se habla de Soberanía, Patria, Nación o Identidad?

Muchas voces se han levantado para señalar este error político, incluso se ha llegado a decir que al presidente, que hace las veces de místico, lo han aislado y son otros  los que controlan el poder.

¡Pareciera ser que algo de verdad hay!

La Misa diaria en La Moneda a las 7:30 A.M. nubla temprano la razón, dando paso a que solo se perciba la fe mal entendida, esa que los que razonamos bajo la lógica del pensamiento de Ratzinger llamamos pechoñeria y peor aún,  cuando no hay base teológica que les de solidez.

No es muy difícil predecir que el camino trazado por los fundadores del estilo místico nos conducirá a los brazos del progresismo ateo y perverso. A ellos no se les derrotará con abrazos, ni mucho menos con buenísmos políticos.

El recién nombrado embajador en la ONU ha escrito una brillante columna para advertir el peligro por el que se conduce a Chile. La izquierda no cambia su proyecto refundacional  ¡¡¡sigue vigente!!! y los libros recomendados por Su Excelencia, sin desmerecer su mérito, precisamente no demuestran el aporte intelectual que se requiere de un  gobernante para estos momentos.

¿Qué más quiere que se diga señor Kast? Si por mucho que queramos defenderlo, todo su problema se centra en que no sabe comunicar y mucho menos saben hacerlo sus asesores del segundo piso. Esto no lo digo yo, solamente. Lo acaba de decir el presidente de su partido, el senador Squella.







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