LOCURA O BAJEZA
La representación popular de la locura ha evolucionado desde "el loco medioeval" como figura relevante o sabia, pasando por la parodia entre los "almanaques de locos" (1946-1963), hasta expresiones culturales como las danzas de los locos de Santa Bárbara. Estas manifestaciones mezclan el humor, la exclusión social y la sátira teatral.
El loco era a menudo una figura festiva, protagonista de "sotties" (obras cómicas), donde se parodiaban juicios y se cuestionaba el orden social.
Entre 1946 y 1963, los almanaques de los locos" en España popularizaron una imagen cómica y cotidiana de la locura.
Estas revistas utilizaban el humor para abordar la enfermedad mental, a menudo representado el manicomio con toques de caricatura.
Recuerdo a mis lectores estas consideraciones porque el teatro de los locos no ha pasado de moda, con la diferencia que ya no existen las revistas de humor político que echaban mano a la caricatura para representar el comportamiento de la clase dirigente y particularmente de algunos políticos candidatos a la camisa de fuerza.
Nuestro parlamento se ha convertido, con los años, en un verdadero manicomio. Ahí han llegado por elección popular individuos que no pasarían un test psicológico ya que sus capacidades estarían muy mermadas para tan alta responsabilidad.
Pero la democracia es como el bolsillo del toni, da para sacar de él todo tipo de personajes que usando las prerrogativas del cargo que ostentan, crean una performance que representan a diario con el único fin de no pasar inadvertidos, de lo contrario serían NADIE.
Hoy los diferentes espacios comunicacionales ofrecen un amplio abanico de las representaciones teatrales de la locura por la que atraviesa una pareja parlamentaria.
Ellos creen que es la forma de hacer oposición al gobierno y la verdad que las tiras cómicas que representan solo producen rechazo ciudadano por la vulgaridad y bajeza de su contenido. No hay análisis, no hay objetividad, no hay criterio lógico para discernir, solo venganza política disfrazado de control o como ellos llaman "criterio de control de las finanzas públicas".
Más de alguien se preguntará, dónde quedó ese control tan estricto cuando fueron gobierno, dilapidando el dinero público a tal punto que la caja fiscal quedó totalmente empobrecida.
Seguramente en esos tiempos se incubaban los síntomas de la locura la que se desata a partir del 11 de marzo, cuando comprobaron que sus socios y compañeres ya no podían hacer mal uso de los recursos públicos y de pasadita recibir el correspondiente apoyo a sus menguados proyectos regionales de uso electoral.
Así es el teatro de la locura y peor aún, espectadores para este tipo de espectáculos hay suficientes que, sin duda, padecen del mismo mal.
Ya lo decía en otra columna: Chile está enfermo. Su sociedad está dañada en lo más profundo de sus valores, costumbres y tradiciones. Las instituciones de la república está en el ojo del huracán por ser coaptadas por la corrupción. Ello no impide a la gente sensata distinguir entre el bien y el mal.
Enfrascado en el mal, los locos con micrófono, siguen emporcando la convivencia social y buscan el menor detalle para pinchar con su mordacidad los actos del gobierno y, en particular, del gobernante.
Kast decidió vivir en La Moneda, ahorrándole al fisco el arriendo de una casa presidencial y sus servicios de todo orden.
Sin embargo, los locos nunca hablaron del costo que significó arrendar, remodelar, amueblar y mantener los servicios de todo orden cuando sus presidentes decidieron no vivir en sus respectivas casas.
Se trata de representar una obra cómica que los mantenga en cartelera. Lo de ayer simplemente se borra con el codo. Se cambia el libreto.
Ha sido siempre la locura de la izquierda. Nada es bueno si ellos no controlan el poder. Da igual robar, atropellar el estado de derecho, burlar la Constitución, subirse la dieta, financiar fundaciones o ONG's o viajar con plata de todos los chilenos. Es curioso.....en todos estos casos y en muchos más la cordura aparece en ellos como arte de magia. ¡¡Así es el teatro de la locura!!
Finalmente la filosofía aborda la locura no solo como patología, si no como una experiencia límite que cuestiona la razón, la realidad y las normas sociales.
¡¡Saque Ud. sus propias conclusiones, si lo hace bien, margínelos por indeseables!!
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