LOS ROSTROS DE LA HISTORIA SE APARECEN

 


Difícil es sustraerse a la historia y sus personajes que marcaron época. La tendencia refundacional del progresismo y la ignorancia del conglomerado que hace las veces de derecha poco o nada se interesan por estos temas. De ahí que siempre surjan individuos que sí tienen esos conocimientos y la habilidad para escalar a posiciones relevantes, administrando y controlando el poder.

Tres personajes, no contemporáneos entre sí, son interesantes de refrescar en esta columna.

Uno es Nicolás Maquiavelo, filósofo, escritor y político de gran influencia en el Renacimiento Italiano y que vivió entre los años 1469 y 1527, influyendo de manera decisiva en el pensamiento occidental. Secretario de la República de Florencia, en los tiempos de los Medicis, a cuya caída y luego de su regreso al poder lo alejaron, exiliándolo, situación que le permitió acercarse a la literatura. En 1513 escribió su obra cumbre, “El Príncipe”. Heredero de la filosofía política fundada por los griegos, se enfrentó a la vieja mentalidad cristiano-medieval al tiempo que ponía las bases de una nueva mentalidad laico- burguesa. Maquiavelo parte de los principales sucesos contemporáneos para definir un proceso político diferente, en el que “la razón de estado“ tiene como objetivo la mejora de la sociedad y el perfeccionamiento del hombre. El error político más grave de Maquiavelo fue su incapacidad para proteger la República Florentina en 1512, lo que provocó la caída del gobierno, su destitución y su exilio. Como Asesor y Secretario de Estado confió en alianzas débiles y mercenarios de la política, subestimando la velocidad de la amenaza Medici, respaldada por fuerzas extranjeras, en particular, España.

El otro personaje interesante es Jean du Plessis de Richelieu quien fue ascendiendo en la jerarquía de la Iglesia Católica y del gobierno francés, llegando a ser Cardenal en 1622 y Primer Ministro del Rey Luis XIII, en 1624. Conservó el cargo hasta su muerte en 1642, cuando fue sucedido por el Cardenal Julio Mazarino, nombrado por él.

Richelieu buscó consolidar el poder real y restringió el poder de la nobleza para transformar Francia en un fuerte estado centralizado. En política exterior, sus principales objetivos fueron controlar el poder de la dinastía de los Habsburgo para lo cual no trepidó en firmar alianzas con los estados protestantes.

Décadas después de Maquiavelo -lo separa más de un siglo- su filosofía política se inspiró en las ideas de éste, la razón de estado y realismo político. Esta figura polarizadora de la política y estudiado hasta el día de hoy se ganó el odio de pueblo y la nobleza francesa; pero su capacidad logró sortear todas las intrigas e intento de deponerlo, logrando incluso mandar al exilio a la madre del Rey, la poderosa María de Medicis.

Su figura es conocida por tres aspectos principales: su autoritarismo descarado, incorporando un gobierno amplio que se reportara a él (si es similar a lo de hoy, es coincidencia), sus esfuerzos por fortalecer el estado francés y su decisión de posicionar a Francia como contrapeso a la hegemonía de los Habsburgo mediante una red de alianzas con potencias protestantes, con una red de espionaje y orejeros, además de mantener una independencia del orden papal haciendo muy poderosa a la iglesia de Francia.

Su error fue no medir el alcance de sus desiciones en relaciones exteriores e intentar comprometer en su estrategia a los enemigos. (convite a los ex cancilleres para dar explicaciones por caso Bachelet).

El tercer personaje es Grigori Rasputín, sin duda nada comparable con los dos anteriores. Un místico ruso de gran influencia en la dinastía Romanov desde 1905, año en que por primera vez entra al palacio de Peterhof, en San Petersburgo, como sanador para curar una hemorragia del hijo hemofílico del Zar. Esto hizo caer a la Zarina bajo la influencia de este monje.

La influencia de Rasputín no se limitó al círculo íntimo de la familia imperial, sino que se extendió a sectores relevantes de la aristocracia rusa. Este ascendiente fue atribuido principalmente a su fuerte carisma personal, caracterizado por una mirada fija y penetrante —cabello castaño y ojos azules de tonalidad clara—, un discurso ambiguo y elíptico, de estructura poco convencional, percibido por algunos contemporáneos como de naturaleza oracular, y una notable capacidad de sugestión interpersonal. (La barba y el desaliño en el vestir ofrecen una panorámica del Rasputín actual).

Rasputín fue objeto de una creciente hostilidad por parte de sectores de la nobleza y de la corte que percibían su influencia como una amenaza a sus intereses políticos y sociales. Estas facciones promovieron campañas de descrédito y rumores que fueron aprovechados por círculos opositores y por el movimiento revolucionario en gestación que terminó con el derrocamiento y asesinato de la familia imperial y el comienzo de los 70 años de la revolución bolchevique.

A esta altura de mi relato histórico más de algún interesado lector se preguntará y ¿qué tienen que ver estos personajes con el desarrollo de la política actual y sobre todo con el gobierno que no lleva un mes en el poder?

Personalmente creo que hay aspectos comparativos necesarios de establecer.

La razón de Estado de Maquiavelo y Richelieu es un principo político que justifica acciones excepcionales para asegurar la supervivencia y seguridad de la nación, actuando como una ley motora para el gobernante (incluso sus actos pueden ser ilegales o inmorales por los intereses superiores del Estado). Se usa, según Maquiavelo, para situaciones de “emergencia”. Es criticado por su autoritarismo y personalismo basado en lealtades personales y no al Estado que se dice proteger.

Sin embargo, la filosofía política y la ciencia jurídica contemporánea prestan gran atención a este concepto y sus derivaciones. En general, suele entenderse que la razón de Estado no debería exceder los límites de la legitimidad del Estado. (MEPCO)

Otro elemento que comparo con el famoso Cardenal es que forjó un gobierno centralizado y amplio para consolidar su poder real. Es cosa de ver la argamasa que compone el actual gobierno: hay masones, Opus Dei, protestantes, discapacitados, indígenas, independientes, UDI, RN , EVOPOLI, radicales, demócratas, social-cristianos, y si faltara algo, Amarillos. Un varíopinto elenco, sin identidad política común, solo se reportan a quien controla el poder y de él depende su permanencia ya que el sentido es a su lealtad personal. Donde, curiosamente, también hay un Cardenal que influye teniendo una hermana en el gabinete. ¿O es un Obispo?

¿Dónde encaja Rasputín? Bueno en todos los gobiernos y épocas ha existido uno o varios personajes de estas característica. En el año 2005 se le dio un carácter más abierto y eufemísticamente se le llamó “el segundo piso“. Son personajes que se mueven silenciosamente entre el fru-fru de las cortinas de palacio, pero que influyen decididamente en las decisiones de Gobierno tanto estratégica como comunicacionalmente y mueven las piezas del ajedrez político con una astucia peligrosa.

Bajo esa regla la estructura teme y se reporta a ella. Han tenido aciertos, sin duda, pero también grandes fracasos. No se necesita ir muy lejos para recordar Cúcuta, producto de los consejos del orejero internacional de la época y hoy la famosa “quiebra” que detonó un incendio.

Sin duda la argamasa se desenvuelve controlada y con pautas. Hay algunos ministros con vida propia y con amplios conocimientos de su tarea y dan la cara de frente. Son la excepción, pero la historia deja ver que siempre se repite; irremediablemente hay adoradores de Maquiavelo, de Richelieu y, peor aún, de Rasputin.

¡No estoy loco! He leído la historia, haga Ud., lo mismo, querido lector. Sin ella no es posible comprender el presente. Aunque, seguramente, por ser un outsider de la contingencia enrroncharé a más de alguno con este recuerdo histórico y sus semejanzas actuales.

En el intertanto la Primera Dama toma protagonismo con acciones reñidas con la dignidad del cargo. Entra el colchón por la puerta principal de La Moneda, sirve la comida en el casino de La Moneda, canta una tonada en la media luna de un rodeo.

Espero que entre tanto personaje con reminiscencias históricas alguien con sentido común explique que populismo no es lo mismo que servir a los intereses de la Nación con austeridad y sencillez. Una sencillez que por su efecto imponga autoridad y agrande la imagen del sentido Presidencial del Estado.

Mientras eso no ocurra seguiremos en una réplica de cuanto vale el Show y, por cierto, con los abrazos, tan comunista el lema, que quiere imponer la Primera Dama.

En este sentido deben entender las autoridades, que cuidar las formas en todos los espacios y fundamentalmente en los solemnes, no implica traicionar a su electorado. Desde que asumieron sus funciones le deben cuenta a la República y no a la búsqueda de popularidad que los llevó hasta La Moneda.

El problema de fondo es el lenguaje, verbal, escrito y corporal. Un lenguaje sin sentido, sin relato, sin sintaxis, sin elocuencia, vacio y repetitivo, son solo palabras.

¿Es tan difícil entender esto?


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