CONVICCIONES


                            


                                           

En varias oportunidades hemos conversado lo importante que es en la vida ser una persona consecuente.

Se ha escrito bastante sobre el tema y lo más relevante, por cierto, es que esta actitud del hombre es escasa o prácticamente nula en aquellos que ofician de políticos.

Existen múltiples novelas donde la lealtad a los ideales, la transformación de las creencias y la crisis moral son la trama y motor de la historia novelada.

En filosofía, el término consecuencia se aborda, pricipalmente, desde dos vertientes: la lógica (como estructura de razonamiento) y la ética (como la coherencia práctica en la vida). Entender ambos planos es fundamental para analizar la validez de los argumentos y la integridad moral.

En lógica, una proposición se divide en dos partes fundamentales dentro de una premisa: el antecedente (la condición o causa) y el consecuente (efecto o resultado). Entonces, consecuencia lógica es la conclusión ineludible que se deriva de forma natural al aceptar ciertas premisas previas.

Toda esta disquisición filosófica es para explicar porque el Ministro de Hacienda dijo en el parlamento: "hacia tiempo que no escuchaba tanta ignorancia junta".

Quienes hacían planteamientos contrarios a la proposición gubernamental lo hacían bajo la lógica de que ellos eran un "tsunami" de propuestas alternativas, cayendo sin remedio en lo que la filosofía define como "falacia de afirmación del consecuente".

Para mejor enterder lo explicado recientemente, ellos discutían las proposiciones planteadas como si se tratara del siguiente ejemplo: si llueve la calle se moja. La calle está mojada, por tanto, llovió. Esto es una falacia, ya que la calle pudo mojarse por otra razón, como lavarla o limpiarla.

Este es el nivel de razonamiento lógico que impera en la discusión de las leyes y se molestan políticos y periodistas si alguna autoridad sostiene que se habla o se discute sujeto de la ignorancia.

Agreguemos algo más en este plano, una persona "consecuente" es aquella que actúa en absoluta concordancia entre sus principios teóricos, sus valores y sus acciones prácticas.

En este planteamiento no se puede dejar de mencionar que la coherencia de vida, (ser consecuente), implica que los actos y decisiones diarias reflejen fielmente lo que se profesa creer.

Representa un esfuerzo ético alinear la conducta moral con la propia voluntad.

Aquí entramos en un mundo más complejo a la luz no solo de las propuestas impulsadas por el gobierno, si no a la actitud asumida por una parte de la oposición.

Las declaraciones de la diputado comunista, Lorena Pizarro, a tomarse las calles en un abierto llamado a la violencia política trae como consecuencia un quiebre institucional ya que se tensionan las relaciones de poder, legitimidad y gobernabilidad.

No es nuevo, siempre el Partido Comunista en su esencia doctrinaria ha buscado desestabilizar los gobiernos, salvo cuando ellos forman parte del poder, como ocurrió recientemente; de lo contrario, intentan destruir el tejido social y la economía, desencadenando efectos en cadena en el orden y la estabilidad social.

Si el gobierno encargado de controlar la estabilidad institucional y el orden público advierte que aplicará todo el poder de las leyes vigentes y las facultades constitucionales para asegurar la estabilidad del país, aparece otra comunista, excandidata presidencial, diciendo que: "no se puede impedir el legítimo derecho a protestar".

Reitero, estamos no solo frente a una falacia política,  si no frente a una ignorancia perversa. Protesta el PC porque a ellos no les gusta el modelo a seguir: no les importa si se benefician los chilenos, aumenta el  empleo y hay más desarrollo. El PC, nutre su perversa ideología, humillando y maltratando al pueblo.

Estos problemas, incubados por ignorancia en parte de la izquierda en la discusión del Proyecto de Reconstrucción y lo expresado por el PC, hacen visible lo que ha sido su conducta de vida y, por tanto, consecuente con su alma refundacional y revolucionaria.

Es a este asunto al que hay que ponerle decidida atención y ser consecuente con lo que se dice defender. Existen los antecedentes históricos que hay que recordar. Por estas mismas circunstancias el Parlamento chileno aprobó leyes que prescribieron al PC y, a mayor abundamiento, recientemente visitó Chile el Presidente de la República Checa quien, consecuentemente con su ideario, no le tembló la mano y puso fuera de la ley al Partido Comunista Checo.

Nadie podrá juzgar de tirano o dictador a quien defiende la institucionalidad, la Constitución y las leyes, otorgando seguridad y estabilidad a sus conciudadanos.

Pero si la consecuencia falla y se prefiere transar y negociar con el enemigo para sacar patente de demócrata, entonces tendremos desorden público, desobediencia civil y atropello a los derechos fundamentales de todos los chilenos a manos de unas minorías vociferantes.

Lo vivimos en el 2019 y nadie está dispuesto a que esa tragedia, por cobardía gubernamental, se repita.

No solo se trata de reconstruir económicamente al país. Pensar solo bajo ese paraguas es tener mente de bolichero. Los pueblos se engrandecen cuando se cultiva el espíritu y sus líderes, con el ejemplo, ofrecen sangre, sudor y lágrimas, no trepidando en usar el poder de que disponen para poner a salvo su Patria, enclavada en occidente con sus valores y principios.

En este punto, permítanme una observación. Por lo que leo en las distintas plataformas hay opiniones que, creo, se equivocaron con el líder de Norteamérica: ha puesto a cubierto a Occidente y ha colocado a China en sintonía fina. Es decir, hay consecuencia en lo que dice y en lo que hace.

El poder no es algo etereo, está claramente identificado. El poder político en una verdadera democracia recae en el pueblo que es el soberano; a quien desde las distintas instancias de la administración del estado se le sirve. 

Existe en el pórtico del Parlamento de Serbia dos esculturas, que como buenas obras de arte, hablan por si solas. No necesitan un rótulo explicativo. En una, aparece el hombre luchando con el poder, representado por un caballo. En la otra, el hombre ha domado el poder. Este es un buen ejemplo para lo que pretenden hacer los senadores democratacristianos: el pueblo los doma o los destruye.

En otras cosas, el objetivo de esta columna es hacer comprender como se construye un líder y la base fundamental es, ser consecuente. Un líder de verdad no habla en metáforas ni mucho menos en hipérboles. Un líder debe ser directo, franco y seguro, ejerciendo todo el imperio que le otorga la ley que, por cierto, es unipersonal: no se comparte con amigos ni con familiares. El juicio de la historia será siempre para el Presidente.

Al cierre de esta columna me informo de las condolencias enviadas por el mandatario a la familia del exfiscal militar Alfonso Podlech (Q.E.P.D.) luego que el subsecretario de DDHH se negara a tramitar el indulto por misericordia. 

¿Consecuencia o maldad?



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