LA MUJER DEL CESAR
Caminando por la vieja Roma, la ciudad eterna, me encontré de frente con la escultura en bronce del Emperador Julio César: no pude dejar de pensar en mi país.
Todo el mundo conoce una famosa frase referida a las mujeres vinculadas con políticos.
"La mujer del César no solo debe ser honrada, si no también parecerlo". Es un famoso proverbio histórico que significa que una persona no solo debe actuar correctamente; si no, también, evitar cualquier situación que pueda despertar sospechas.
El origen de esta célebre frase se remonta al año 62 A.C. y está vinculada a Pompeya, la segunda esposa de Julio César.
Se celebraba en casa de Julio César una fiesta religiosa exclusiva para mujeres: los ritos de la Bona Dea. Un joven aristócrata llamado Publio Clodio, se infiltró disfrazado de mujer, al parecer, con la intención de seducir a Pompeya.
Aunque no se pudo probar que Pompeya fuera infiel o cómplice, el escándalo provocó un gran revuelo en Roma. Para acallar los rumores, Julio César se divorcio inmediatamente de ella y cuando le preguntaron por qué repudiaba a su esposa si no se había demostrado ningún delito, el contestó: "la mujer del César debe estar por encima de toda sospecha".
Quienes nos interesamos por estudiar la historia, entender como se fue armando nuestra cultura hasta formar parte de un ente civilizatorio, cargado de valores y principios que forman la base de nuestra identidad y formas de ser, no podemos dejar pasar estos ejemplos que marcaron una época y que se han transmitido de generación en generación, con las variables e interpretaciones que las circunstancias le dan al hombre y su entorno.
Con el paso de los siglos, esta frase evolucionó en la cultura popular hasta adoptar la forma en la que se la conoce actualmente.
El Instituto Cervantes recoge esta paremia para explicar que las acciones de las personas públicas o de confianza no solo deben ser honestas si no también transparentes, para no dejar lugar a dudas. ¿A qué viene todo este recuerdo histórico que marcó el reinado del Emperador Romano?
Hoy existen mujeres que han asumido un rol preponderante en la política, no habiendo sido electas para jugar en el juego de la democracia ya que no se han sometido al veredicto de las urnas y, por lo tanto, carecen de la representación y mandato popular ni para hablar ni para influir en decisiones políticas de ninguna especie.
Nadie niega el rol secundario que como esposas o familiares del gobernante pueden llegar a tener para realizar actividades de tipo social, recreativas o artísticas en beneficio de la comunidad. Está lejos de ello asumir el papel de madre de un gabinete ni menos de un país, digo ésto al preguntarme ¿qué diablos hacia la esposa del mandatario en un cambio de gabinete? Abrazar a las despedidas con lágrimas en los ojos es poco decoroso. Vergonzoso, diría mejor.
En medio de las noticias, no solo del cambio de gabinete, que a mi juicio obedece a un reordenamiento -como siempre lo pensó el Presidente- hay más de 32 cambios, reformas, modificaciones que ha cumplido el gobierno en estos dos meses de trabajo y que apuntan a solucionar las necesidades de los más vulnerables, como así mismo ordenar y reorientar el desorden heredado.
Sin embargo, nadie dice nada y el gobierno comunicacionalmente no despierta, dejando que situaciones como la del proverbio de la mujer del César, cobren vigencia. Las fotografías son elocuentes; ellas, las despedidas, sabían desde que juraron que formaban parte de un equipo y que como jugadoras, si lo hacían bien, podían seguir en el juego del poder; pero, si no era así, había que cambiarlas por otros jugadores capaces de liderar la cancha.
Entonces, la supuesta "madre del gabinete" entra en acción. ¿Qué hacía ella ahí, si no es el árbitro del partido y ni siquiera la líder de la barra? Creo que la Pompeya contemporánea no ha leído la historia y el César debe compenetrarse un poco más y poner a cada uno en el sitio que les corresponde, si quiere evitar los comentarios que, desgraciadamente, ya circulan urbi et orbi, empañando sus logros gubernamentales.
Como final, la historia no es un cuento. ¡Enseña!
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