¡¡¡TODO VA A ESTAR BIEN!!!

 



En las horas previas a embarcarme de regreso a Chile recibí una serie de informaciones que entregaban un panorama bastante aterrador política, económica y, por cierto, socialmente. 

Subí al avión con la idea fija de una frase que se transformó con el tiempo casi en un mantra repetida, por el candidato y hoy presidente de la República, sistemáticamente como si fuese un esparcimiento de mana del cielo, pero que en el transcurso de estos ocho meses, se ha transformado en una ironía de la vida.

Pero busquemos su origen:

Dicha frase no tiene un único autor ni un origen histórico estricto. Es una expresión de consuelo y esperanza arraigado en la psicología del ser humano y en diversas culturas para enfrentar la incertidumbre. Expresada por el Presidente, sistemáticamente, nos ofrece una permanente imagen de incertidumbre y los hechos así lo confirman. 

En otros países y, especialmente en Perú, la frase se hizo sumamente icónica gracias a un recordado jingle publicitario de la aseguradora Rimac (todo va a estar bien), y se convirtió en un caso de estudio universitario por su fuerte impacto en la memoria colectiva.

No cabe duda de que con los ejemplo asociados a un desempeño errático y a los descriterios cometidos por las autoridades, la frase cobra especial interés. El efecto comunicacional fue impulsado, seguramente, por una asesor cercano al sistema de mercadeo y el Presidente se dejó llevar por este iluminado, encontrando en la frase un mecanismo de convencimiento político.

Lo que el asesor comunicacional no advirtió es que desde la perspectiva psicológica, se considera un mecanismo de respuesta empático para calmar el miedo, aunque los especialistas también advierten que un uso automático o vacío puede derivar en positividad tóxica, invalidando el dolor o la angustia real de las personas. Pero, obviamente, no existiendo una consideración comunicacional de fondo, todo lo que pudiese ser electoralmente atractivo había que usarlo 

Así, SE ha demostrado usar este tipo de elementos publicitarios sin su acabado conocimiento y significado, metáforas e hipérbole fueron expresiones muy comentadas. Para que hablar de performances usando disfraces de cómic de cosplay imitando Star Wars con espadas luminosas. En fin, recursos mediáticos sin contenido y de efectos cortos. 

Lo más preocupante en todo caso es que en cada discurso independiente del auditorio, repite exactamente lo mismo, intentando ser un orador a sabiendas que esa, precisamente, es su peor carencia. Por eso recurre a los trucos lingüísticos que sus malos asesores le prodigan. Terminando un discurso que más parece una perorata de lugares comunes sin alcance y fundamentos, repitiendo con una sonrisa dibujada: “todo va a estar bien“  

Sin embargo, a todo este compendio de carencias que caracterizan al actual gobernante y a su administración surge una pregunta de carácter ontológico que nadie se hace, pero que todos perciben sin lograr descifrar que ha ocurrido: ¿cómo es posible que en los últimos casi 20 años hayamos reelegido a dos personas como máximos representantes políticos y ambos con un nutrido prontuario? A uno lo eligieron a sabiendas que sus métodos empresariales fueron y han sido cuestionados hasta la saciedad, pero lo peor es que en su último mandato, para salvar su pellejo entregó la Constitución de la República como garantía para que lo dejaran terminar su periodo, cuando el helicóptero ya venía para sacarlo al exilio. 

La otra, formó parte de los grupos clandestinos de izquierda y se conocía como la comandante Claudia. Habría que hurgar, con mayor profundidad en casos tan emblemáticos como el secuestro del hijo de un importante e influyente empresario. Pero lo peor, en su último mandato gobernó con el Partido Comunista y sumió al país en la peor crisis migratoria, causando un daño social e identitario a la Nación, irreparable. Ha sido despreciada por todas las naciones por impresentable y, sin embargo, aquí los medios le tributan un soporte, claro está, pegado con chicle. 

En los paréntesis de estos años apareció un progresista, fracasado como estudiante, que justificó el asesinato del senador Jaime Guzmán, fotografiándose con una polera con su rostro ensangrentado cuando visitó en París a uno de sus asesinos.  También ha empleado frases insolentes, tales como que usaría cascos militares para orinar. Destruyó económicamente a Chile y con la creación de “fundaciones” saquearon las arcas públicas y la justicia nada encuentra.  El candidato ganador propuso en su campaña una auditoría internacional para limpiar el estado, pero ésta se desdibujó por cara y todo se volvió normal y el hábito sigue.

Este tipo de escándalos el país los quiso castigar refugiándose en el personaje que ofrecía trasparencia y limpieza. Un personaje, curiosamente, sin pena ni gloria en la política chilena. Su éxito como candidato fue haber renunciado a la UDI en el año 2016, alegando su desfonde valórico y pérdida de sus principios fundacionales. Entonces, comenzó su aventura amparado en la defensa de los grandes conceptos valóricos de la identidad republicana, la defensa de la cultura y su legado occidental. Férreo defensor de una justicia imparcial, del verdadero estado de derecho y de nuestras más genuinas tradiciones; pero al correr el tiempo su mayor virtud se develó ante la opinión pública al comprobar que nada de lo que decía o prometía era cierto, el engaño y la mentira formaron parte de la estructura comunicacional cuyo único propósito era mantener una fuerza electoral.

Sin embargo, la mala memoria del chileno y al no saber coordinar las ideas para entender lo que ocurre, no se dio cuenta que esto ya se sabía ya que promovió solo con fines electorales un cambio constitucional (segundo proceso constitucional) al que juraba defender. Para ello usó como mascarón de proa a unos de sus aliados predilectos uno que se hizo llamar “ el profe” y que arrasó en la elección de consejeros constitucionales en la Región Metropolitana. Todo por obra de Dios.

Hoy a distancia de esos hechos irrefutables y siendo gobierno se comprueba la caída impactante de su aprobación,  por no construir un proyecto de gobierno y una estrategia de desarrollo para Chile. Se suma a ello los 46 Seremis renunciados o despedidos, los tres ministros renunciados, los 7 subsecretarios defenestrados y los 2 delegados presidenciales. Agregando ahora el caso del niño símbolo, el Subsecretario de Justicia, que más que por un error grave cometido en su alta responsabilidad, simplemente, lo despidieron por deslealtad. ¿Es qué SE no se ha dado cuenta que todo lo que lo rodea padece del mismo síndrome? No habiendo mística ni propósito, solo es usufructuar de un cargo público mientras se pueda y luego, “sálvese quien pueda“

Quisiera preguntarle a SE, cuando se tiene una de las peores crisis institucionales de la historia, ¿está en condiciones de repetir “todo va a estar bien”? Creo que no y le voy a contestar porque.

Porque la izquierda que es minoría ya se sabe lo que va a hacer. Va a estar en la calle y en la política formal y hoy Ud. tiene el mérito de haberla unido.

La pregunta que salta a la vista es ¿qué hará el Oficialismo? Ud. que, supuestamente, es su líder formal ha demostrado en reiteradas oportunidades ser ambiguo, amén de carecer de gente con experiencia y bagaje que le sirva de asesoría desinteresada.

Hemos constatado y todo el mundo informado lo sabe que, además, la anarquía se instaló desde un inicio en el gobierno (por falta de principios aglutinantes). Esto lo deja expuesto a las coyunturas que vive a diario o ¿acaso no las percibe?

En el gobierno hay dirigentes de Chile Vamos desafectos a Republicanos, que estuvieron fuertemente comprometidos con la fallida candidatura de Matthei, quien desde la trinchera de las redes sociales pretende mantener activo ese apoyo y los azuza a la espera de recuperar el poder.

Sin duda, estas causas conocidas componen un cóctel explosivo, que en algún determinado momento son capaces de generar una fuerte onda centrífuga.

Estos datos sirven para anticipar un escenario. Haciendo un ejercicio prospectivo si llega bajo el umbral del 30% de apoyo popular, que es lo más probable que ocurra, cualquier acontecimiento que le reste legitimidad arriesga la estabilidad misma del Gobierno.

Entiendo por pérdida de popularidad cuando la gente percibe que el gobierno no hace lo que dijo que iba a hacer.

Entiendo por falta de legitimidad cuando la gente advierte que el gobierno hace lo que dijo que no iba a hacer.

Hasta aquí llego. Lo demás amerita otro análisis sobre el consiguiente vacío de poder que viene, si no hay quién pueda asumir responsabilidades futuras, pero sin los defectos reseñados.

Al parecer nada va a estar bien por ahora, a menos que recapacite, baje su porfía y se libere de su entorno inmediato. No es una novela trágica. Es la historia real que puede transformarse en una gran crisis que puede terminar en tragedia. 

Por ahora, va a Europa a reunirse con el Rey de España y con dirigentes políticos de ese país. Se reunirá en Italia con Giorgia Meloni y con el Papa y todo eso bajo una falsa imagen de austeridad, viajando en clase turista, mientras el Subsecretario del Interior, viaja a una reunión internacional en un jet ejecutivo de alta autonomía, modelo Gulfstream G-IV de la Fuerza Aérea.

Todavía no advierte que no es José Antonio Kast el que viaja, lo hace el Presidente de Chile y ese solo hecho amerita respetar la dignidad del cargo. No me cabe duda de que llegará en taxi a la Zarzuela, al Palacio Chigi y al Palacio Apostólico así se representa a Chile ahora, porque así ¡¡todo va a estar bien!!

Y se me olvidaba otro detalle: ¿sabe Ud. quien lo recibirá en Roma?, el actual embajador; cuyo mérito es haber sido fundador del Partido Republicano y el cual renunció a su nacionalidad italiana para asumir como representante chileno. O sea, un italiano que renuncia a su nacionalidad italiana para representar a Chile en Italia. Se da cuenta del estropicio.

 

 

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